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Wednesday, November 2, 2016

La ley de control de fusiones

Iván Alonso considera que la ley propuesta pretende evitar posiciones dominantes de mercado sin conocer si se va a abusar de ella.

Iván Alonso obtuvo su PhD. en Economía de la Universidad de California en Los Ángeles y es miembro de la Mont Pelerin Society.
El proyecto de ley de control previo de fusiones, adquisiciones y concentraciones empresariales, presentado por el congresista Lescano y su bancada, ha sido criticado —justamente, a nuestro entender— por innecesario. Diversos especialistas han señalado que en nuestro país existe ya una ley que sanciona el abuso de posición de dominio en el mercado. La iniciativa legislativa que comentamos pretende ir un paso más atrás, dándole a la Comisión de Libre Competencia (CLC) de Indecopi la potestad de desautorizar una fusión, como quien trata de evitar que se configure una posición de dominio antes de saber si se va a abusar de ella.



Dejemos de lado las disquisiciones teóricas y veamos cómo opera el control de fusiones en la práctica. Desde hace casi veinte años las fusiones empresariales en el sector eléctrico están sujetas a un control previo por parte de la misma CLC. El criterio es aún más exigente que en el proyecto de Lescano: si las empresas que quieren fusionarse tienen, individual o conjuntamente, una participación de 15% o más de las ventas del mercado, necesitan autorización. (El umbral en el proyecto es 51%.)
¿Cómo se resuelven estos casos? La decisión gira en torno a una variable llamada el índice de Herfindahl (o Herfindahl-Hirschman), que mide la concentración del mercado. Calcule usted la participación de cada una de las empresas del mercado y multiplíquela por cien: la primera tiene, digamos, 20 por ciento; la segunda, 15; la tercera, 10; etcétera. Eleve estas cifras al cuadrado y súmelas. Esto le dará un índice entre cero y 10.000 (donde cero representa un mercado “atomizado”, y 10,000, un monopolio). Primera parte del plan cumplida. La segunda parte es calcular el índice antes y después de la hipotética fusión. Si no aumenta significativamente, la fusión es aprobada; caso contrario, es rechazada.
La línea divisoria entre lo que es y lo que no es significativo es esencialmente arbitraria. Hay parámetros establecidos en los Horizontal Merger Guidelines (Guía de Fusiones Horizontales) del Departamento de Justicia y la Comisión Federal de Comercio norteamericanos; pero siguen siendo parámetros arbitrarios.
Supuestamente, un cambio en la concentración del mercado es significativo cuando le da a la empresa fusionada el poder de subir los precios o imponer otras condiciones en perjuicio del consumidor. En el sector eléctrico, una empresa fusionada puede jugar a sacar de operación una central para hacer subir el precio.
Pero sólo le conviene hacerlo si el aumento es suficientemente grande y duradero como para compensar la menor cantidad de energía que genera. Eso no depende de la concentración del mercado, sino de los costos de sus competidores. El análisis de la concentración es irrelevante.
¿Qué clase de análisis podrá hacer la CLC cuando se enfrente a una fusión en otro sector? Ni siquiera va a disponer de información tan precisa sobre participaciones de mercado como la que existe en el sector eléctrico. Tendrá que basarse en suposiciones sobre el número de potenciales competidores, la capacidad ociosa, los costos de ponerla en operación. En un extremo, la Comisión, consciente de esas limitaciones, puede aprobar todas las fusiones; y como sociedad habremos incurrido un costo por las puras. En el otro, puede rechazarlas todas, privándonos de aquellas que hacen sentido económico.

La ley de control de fusiones

Iván Alonso considera que la ley propuesta pretende evitar posiciones dominantes de mercado sin conocer si se va a abusar de ella.

Iván Alonso obtuvo su PhD. en Economía de la Universidad de California en Los Ángeles y es miembro de la Mont Pelerin Society.
El proyecto de ley de control previo de fusiones, adquisiciones y concentraciones empresariales, presentado por el congresista Lescano y su bancada, ha sido criticado —justamente, a nuestro entender— por innecesario. Diversos especialistas han señalado que en nuestro país existe ya una ley que sanciona el abuso de posición de dominio en el mercado. La iniciativa legislativa que comentamos pretende ir un paso más atrás, dándole a la Comisión de Libre Competencia (CLC) de Indecopi la potestad de desautorizar una fusión, como quien trata de evitar que se configure una posición de dominio antes de saber si se va a abusar de ella.


Monday, October 31, 2016

El derrumbe del "otro modelo"

Axel Kaiser considera que la derrota de la "Nueva Mayoría" en las últimas elecciones en Chile provee una oportunidad para rescatar un ideario de progreso y de inclusión real.
Axel Kaiser es Director Ejecutivo de la Fundación Para el Progreso (Chile) y miembro de Young Voices (Berlín, Alemania).
Hace apenas tres años, un grupo selecto de intelectuales de izquierda, entusiasmados con la ya entonces clara victoria por venir de Michelle Bachelet en las presidenciales, proclamaba en un famoso libro, presentado por la mismísima Bachelet, que el modelo de desarrollo de Chile, falazmente llamado "neoliberal", estaba agotado. Celebraban que se había asentado una "nueva hegemonía", es decir, un nuevo conjunto de ideas y creencias que exigían un profundo cambio al sistema económico e institucional imperante por décadas para abandonar lo que denunciaban como una inmoral mercantilización de ámbitos sensibles de la vida de las personas.



Lo que debía hacerse, dijeron, era un verdadero "régimen de lo público" en que el Estado, es decir, políticos y burócratas, con su moralidad y conocimientos superiores a los del mercado, o sea a la de los individuos actuando libremente, asumiría el rol central en el progreso ético y social del país. Se trataba, en términos simples, de reinstaurar en Chile un añejo modelo socialista en que el Estado recuperaba espacios centrales para la vida de las personas, de modo de igualarlas en todo aquello considerado un "derecho social". Interesantemente, el libro reconocía que bajo el sistema "neoliberal" el país había progresado como nunca en su historia, pero al mismo tiempo lo condenaba por dejar demasiada libertad —mercado— a los individuos, lo que, en esta visión, era incompatible con el interés general y los deberes de solidaridad recíprocos de una comunidad política. Se trataba, repetía uno de sus autores majaderamente mostrando ese desprecio tan característico de los ideólogos socialistas por la realidad, de visiones "normativas" y no de lo que en la práctica funciona.
Pues bien, a dos años y fracción de aplicación de esa "visión normativa" igualitarista, el "otro modelo" fundado en ella no solo ha fracasado colosalmente en sus resultados prácticos, sino en su credibilidad popular. Lo primero, todos los que no nos dejamos llevar por el ideologismo populista del momento lo advertimos desde un principio. El socialismo es la filosofía del fracaso y siempre lo será, y, por tanto, era evidente que el gobierno de Bachelet fracasaría. Incluso, antes de la elección de Bachelet algunos advertimos en medios nacionales y extranjeros que su programa, si podía llamársele así, iba a poner a Chile en un camino ruinoso y de alto costo en términos de prestigio internacional. También anticipamos que en algún momento la gente se daría cuenta de que la izquierda no tiene superioridad moral alguna sobre el resto y de que su sistema era el responsable del deterioro de la calidad de vida por venir.
Lo que no pudimos imaginarnos es que la hipocresía de muchos próceres de la igualdad, que se llenaban los bolsillos mientras alegaban contra el mercado y eran financiados ni más ni menos que por empresarios, entre los que se encontraba el yerno de Pinochet, llegaría a niveles tan delirantes. Tampoco pensamos que la ineptitud, corrupción e incapacidad de ejecutar sus malas ideas llegaría al punto circense al que llegó, ni que su ideologismo mostrara ser tan agresivo e impermeable al diálogo racional. La combinación de prepotencia ideológica, hipocresía, incapacidad, corrupción y malos resultados llevó, por ahora, a que la mayor parte de la ciudadanía no quiera ser más gobernada por la izquierda.
No hay que equivocarse: esto no es esencialmente mérito de la derecha, la que hizo mucho menos de lo esperado para capitalizar el desastre del actual gobierno. Este es fundamentalmente un castigo para quienes se erigieron en profetas indiscutibles de un nuevo Chile, que intentaron imponer de espaldas a la ciudadanía. Los chilenos quieren la sensatez dialogante y pragmática de la socialdemocracia concertacionista y no el radicalismo populista de la Nueva Mayoría inspirada en antiliberalismos teológicos del tipo expresado en "El otro modelo".
Lo ocurrido en las municipales, entonces, no es solo el derrumbe de Bachelet y del gobierno irresponsable que ha conducido, sino de una ideología probadamente fracasada que intoxicó a todo un sector político e intelectual del país a través de consignas y eslóganes irreflexivos. Nada de esto, por cierto, significa que el virus populista ha sido extirpado y que nos salvamos de lo peor. Sin duda, ciertos grupos radicalizarán aun más su propuesta y líderes carismáticos aparecerán con opciones serias de concretarlas. Tampoco será fácil revertir el daño hecho en estos años. Pero al menos hay ahora una oportunidad para rescatar un ideario de progreso e inclusión real. Uno que no vea en la libertad la fuente de nuestros males y en el Estado un demiurgo capaz de elevarnos material y moralmente, sino que entienda que la primera es la fuente del desarrollo económico y social y el segundo, el encargado de protegerla y apoyarla cuidadosamente donde esta se quede corta.
Veremos si la clase política tiene la inteligencia y el coraje de promover una filosofía del éxito revirtiendo la tendencia de deterioro actual, o si solo moderará su demagogia haciéndola más lenta

El derrumbe del "otro modelo"

Axel Kaiser considera que la derrota de la "Nueva Mayoría" en las últimas elecciones en Chile provee una oportunidad para rescatar un ideario de progreso y de inclusión real.
Axel Kaiser es Director Ejecutivo de la Fundación Para el Progreso (Chile) y miembro de Young Voices (Berlín, Alemania).
Hace apenas tres años, un grupo selecto de intelectuales de izquierda, entusiasmados con la ya entonces clara victoria por venir de Michelle Bachelet en las presidenciales, proclamaba en un famoso libro, presentado por la mismísima Bachelet, que el modelo de desarrollo de Chile, falazmente llamado "neoliberal", estaba agotado. Celebraban que se había asentado una "nueva hegemonía", es decir, un nuevo conjunto de ideas y creencias que exigían un profundo cambio al sistema económico e institucional imperante por décadas para abandonar lo que denunciaban como una inmoral mercantilización de ámbitos sensibles de la vida de las personas.