Saturday, October 8, 2016

Peter Schiff y el Acantilado Fiscal 2017


- "¿Vas a dejar de preocuparte? ¿Qué es lo peor que puede pasar?"

Acantilado fiscal sólo un bulo, la deuda del Gobierno es el verdadero asesino

Peter Schiff
Seguramente ha escuchado o leído los informes sin aliento de los medios acerca del "acantilado  fiscal" del que Estados Unidos caerá en enero de 2013 con la aplicación simultánea de los u$s 2 billones en recortes de gasto automáticos (repartidas en 10 años) acordados en la votación sobre el techo de la deuda del año pasado, y con el vencimiento de los recortes fiscales de la era Bush. Los economistas a los que la mayoría de los periodistas escuchan advierten que el efecto combinado de la reducción del gasto público y el aumento de los impuestos desacelerarán la "recuperación" y tal vez envíen a la economía de regreso a la recesión. Mientras que en efecto, hay mucho de qué preocuparse en nuestra economía, este acantilado en particular no es una prioridad en la lista.
Gran parte del temor se debe a la falsa premisa de que el gasto público genera crecimiento económico. La gente tiende a olvidar que el gobierno sólo puede obtener dinero de los impuestos, del endeudamiento, o de la impresión. Nada de lo que gasta el gobierno viene de forma gratuita. El dinero recaudado o tomado prestado se retira del sector privado, donde podría haber sido utilizado de forma más productiva.
El dinero impreso se limita a crear inflación, por lo que los recortes de gasto automáticos, hasta donde en realidad están autorizados a entrar en vigor, deberían promover el crecimiento económico, no a evitarlo. Incluso la mayoría de los republicanos cayeron ante la farsa de que el gasto puede ayudar a la economía en general, pero incluso aquellos que no, sin duda harán todo lo posible para evitar la reacción política de los ciudadanos que estén del lado perdedor de cualquier recorte específico.
La única razón por la que los recortes de gasto automáticos existen es que el Congreso carecía de la integridad para identificar los recortes específicos. Tenga la seguridad de que el Congreso  probablemente diseñará una nueva vía de escape cuando se encuentre acorralado en una esquina de nuevo. Derogar los recortes antes incluso de que se implementen hará ridículo cualquier plan ulterior de reducción del déficit, pero los políticos siempre prefieren enfrentar la frustración por inacción que la ira pura por decisiones reales.
Sólo una porción muy pequeña de los recortes están programados que ocurran en el año 2013 de todos modos. Si llega a suceder que el Congreso no puede ni siquiera cumplir sus promesas de recorte de gastos por un año, ¿cómo se puede esperar que lo hagan en diez?
El impacto del vencimiento de los recortes fiscales de la era Bush es mucho más difícil de evaluar. Los efectos adversos de los aumentos impositivos podrían ser compensado por los beneficios de la reducción en el endeudamiento público (siempre que los impuestos efectivamente den lugar a un aumento de los ingresos). Teniendo en cuenta los incentivos negativos creados por mayores tasas de impuesto marginal, en particular porque impactan en los ahorros y en la inversión de capital, las tasas aumentadas pueden en realidad resultar en menos ingresos, ampliando así el déficit presupuestario.
La economía se encontrará en un terreno muy peligroso ya sea que el Congreso se de cuenta de una manera de zafarse de la camisa de fuerza presupuestaria del 2013. La carga de deuda que Estados Unidos enfrentará cuando suban las tasas de interés, presenta un "acantilado fiscal" mucho más grande. Desafortunadamente, nadie está hablando de eso.
La actual deuda nacional es de alrededor de u$s 16 billones (esto es sólo la parte financiada... las obligaciones no financiadas del Tesoro son mucho, mucho más grandes). La única razón por la que Estados Unidos es capaz de servir este increíble nivel de deuda es que la actualmente baja tasa de interés de la deuda pública (en la actualidad por debajo del 2%) mantiene los pagos de servicio de la deuda en unos u$s 300 mil millones relativamente manejables por año.
En la trayectoria actual de la deuda nacional es probable que alcance los u$s 20 billones en unos pocos años. Si para entonces las tasas de interés volvieran a una cierta apariencia de normalidad histórica, digamos 5%, los pagos de intereses sobre la deuda serían entonces de u$s 1 billón por año. Esta suma representa casi el 40% del total de los ingresos federales en 2012.
Además de hacer inmanejable el servicio de la deuda, unas tasas más altas deprimirían la actividad económica, disminuyendo así la recaudación de impuestos y  requiriendo un mayor gasto público. Esto aumentaría el déficit presupuestario aún más, poniendo una mayor presión alcista  sobre las tasas de interés. Mayores tasas interés en hipotecas y un aumento del desempleo pondrán nueva presión bajista sobre los precios inmobiliarios, tal vez llevando a otra gran ola de ejecuciones hipotecarias. Mi conjetura es que las pérdidas sólo en las hipotecas aseguradas por el gobierno podrían sumar varios cientos de miles de millones de dólares más a los déficits presupuestarios anuales.
Cuando se consideran todos estos factores, creo que los déficits presupuestarios anuales podrían aproximarse rápidamente, y superar, los u$s 3 billones de dólares. Todo esto podría estar en las cartas si las tasas de interés se acercaran a un modesto 5%.
Si la enormidad de los números rojos fueran a preocupar finalmente a nuestros acreedores, tasas de interés del cinco por ciento podrían subir rápidamente a diez. En esas tasas, el costo anual de pagar los intereses de la deuda nacional podría ser igual a todos los ingresos por impuestos federales combinados. Si eso ocurre, tendremos que reducir el gasto federal en todos los ámbitos (incluyendo recortes a beneficios políticamente delicados), aumentar impuestos de manera significativa sobre las clases pobre y media (así como a los ricos), hacer default de la deuda, o golpear a todo el mundo con el impacto sostenido de una alta inflación. Ahora ¡eso sí que es un verdadero acantilado fiscal!
Al tomar prestado tanto y tan tontamente cuando las tasas de interés son bajas, nuestro gobierno nos está conduciendo hacia este acantilado, con sus ojos firmemente pegados al espejo retrovisor (tanto como el nuevo régimen francés parece estar haciendo). Durante años he advertido que una crisis financiera se desencadenaría por el estallido de la burbuja inmobiliaria. Mis advertencias fueron ignoradas rutinariamente en base a la suposición casi universal de que los precios inmobiliarios nunca caerían. Mis advertencias sobre el verdadero acantilado fiscal también son  ignoradas a causa de una premisa similarmente falsa de que las tasas de interés nunca pueden subir. Sin embargo, si la historia puede ser una guía, deberíamos ver el actual período de tasas  ultra-bajas como la excepción y no como la regla.
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