Tuesday, August 22, 2017

El vaquero libertario y profeta I




“Nadie merece su libertad si día a día no está dispuesto a morir luchando por ella. Si fueron otros los que les dieron su libertad, nunca serán verdaderamente libres.”

RICARDO VALENZUELA
Hace unos días el Banco Mundial dio a conocer cifras que ya no sorprenden: La pobreza sigue avanzando en nuestra región a pesar de “los esfuerzos de los gobiernos.” ¿Por qué? Entre muchas otras cosas, por la ausencia de libertad económica y los altos muros de la dependencia que aprisionan a nuestras sociedades.
En México la cultura de la dependencia ha sido esculpida de forma muy especial e  importante, entre otras cosas, por nuestras “artes”—literatura, pintura, música y nuestro cine. Quién no recuerda las dramáticas películas de Pedro Infante, Ustedes los Ricos, Nosotros los Pobres. Las canciones de Jorge Negrete, Yo conocí la pobreza y allá entre los pobres jamás lloré. Nos convencieron que la pobreza era una virtud y la riqueza un pecado, para convertirnos en los grandes promotores de una pobreza que solo nos produce eso, mas pobreza, y millones de miserables que viven como en la época de las cavernas.

 
Pero hace unas semanas tuve oportunidad de leer una historia muy diferente: Es la historia de una pareja de pioneros de Filadelfia emigrando al oeste americano del Siglo XIX. En su peregrinar encuentran a un rudo vaquero texano quien, durante su trayecto, se convierte en su protector, amigo, un modelo para el hijo de la pareja, un admirado personaje para el jefe de la misma, e inclusive, una peligrosa tentación para la mujer a la que finalmente seduce y se convierten en amantes en lo que dura su peregrinar hasta los límites de Texas—Nuevo Mexico, cuando el vaquero se despide para ir en busca de su destino.
Lo más interesante de esta historia es que, al ir avanzando, este salvaje vaquero, Mr. Vallian, sorprendentemente se devela como un verdadero libertario para quien el tesoro más preciado era ese; la libertad. Uno de los rasgos de su personalidad que más me atrajeron, fue su gran  independencia, su fortaleza mental y emocional, lo que la gente identificaba como una actitud hostil y antisocial calificándolo de ermitaño, salvaje o egoísta. Sin entender que, bajo la apariencia de un hombre rudo, había un ser humano con infinidad de cualidades y virtudes como honestidad, integridad, honor, respeto de su palabra. Sí, era un hombre rudo, pero también era un hombre de su época. Una era en que el oeste americano se abría al mundo con los peligros que ello representaba.
Sin embargo, Vallian se describía como un hombre que no era “neddy”—es decir, él no necesitaba vejigas para nadar, ni necesitaba de alguien para lograr sus más puros propósitos, y mucho menos, alguien para ser feliz. Exhibiendo una gran fortaleza de carácter, no requería de los soportes emocionales de parte de otras gentes que luego se convierten, inclusive, en peligrosas adicciones. Tampoco requería de otro tipo de populares estimulantes que se utilizan para eso, sobrevivir emocionalmente, como relaciones amorosas de codependencia, alcohol, la religión mal entendida, etc. Era pues, la representación de la individualidad.
Durante toda la jornada este hombre magistralmente maneja conceptos desde familia, gobierno, sociedad, amistad y, algo especialmente interesante, la iniciativa del hombre para actuar sin que, como lo describiera, “te anden arreando como al ganado o seas parte de una mandada siguiendo una ruidosa caponera.” Es decir, hablaba de esa responsabilidad individual para ir en la persecución de tus sueños. Dibuja de forma genial los valores sobre los cuales el oeste americano se estaba desarrollando: “Mind your own business” y deja en paz a tus semejantes. “Laissez-Faire” en su rudimentario concepto, pero tal vez el más puro de un gobierno que gobernara lo menos posible.
Afirmaba Vallian que lo peor que le podía suceder a un hombre, era convertirse en un becerro lepe, es decir, un becerro huérfano sin poder valerse por sí mismo. De manera especial manejaba brillantemente la filosofía de un orgulloso y poderoso  individualismo, y la verdadera crueldad de lo que tanto predican las iglesias; la compasión mal entendida, arma, según él, que utilizan las religiones para controlar. Exhibía una sana ambición para, a base de su esfuerzo personal y mucho trabajo, llegar a ser propietario de su rancho, pero sin esperar “ayuda” del gobierno ni acciones benevolentes de nadie más.
Una noche, sentados alrededor de la fogata, la mujer le pregunta qué pensaba de Ulises Grant. El vaquero responde no conocerlo. La mujer con incredulidad le reclama; ¿cómo es posible que no sepa quién es el Presidente del país? Vallian responde; ¿Por qué habría de saber? La mujer continúa; “porque es nuestro líder y está haciendo grandes cosas por nosotros, está ayudando a todos los americanos. Es el hombre que ganó la guerra para que todos pudiéramos vivir en paz”.
Entonces el vaquero revira: “Lo siento señora, pues yo no creo en esas ayudas desinteresadas, siempre que alguien ayuda a otra persona, es porque espera algo a cambio. ¿Qué es lo que ese hombre Grant espera de ustedes?” Pero él mismo responde; “el que dependan de ese gobierno para, como los jabalíes que yo alimentaba en mi cabaña de la sierra, después ya no buscaban sus pastos pues sabían cada mañana yo los alimentaría, pierdan su espíritu de lucha. La ayuda que ustedes reciben, como las tierras que les han regalado en esta región, lleva el precio de la sumisión a ese gobierno y, sin lugar a dudas, luego lo tendrán de patrón, o, peor, esa esclavitud por la cual supuestamente pelearon, se va a repetir pero ahora las cadenas serán invisibles. Y la llave, la tendrá siempre el gobierno”
La mujer insiste; “pero es impresionante ver a los representantes del gobierno cuando tocan a tu puerta para informarte de los programas de apoyo y ayuda a la comunidad”. Vallian fusilándola con la mirada le rebate preguntando: “Ustedes vienen de Pensilvania ¿no es así?” Efectivamente, responde la pareja.
Continúa el vaquero. “El fundador de ese Estado y le dio su nombre, William Penn, en una ocasión afirmó: El pobre hombre en su humilde choza desafiante enfrenta las fuerzas de la Corona. Su refugio podrá ser frágil; sus techos remendados; el viento podrá soplar a través de sus averiadas paredes; la tormenta la podrá invadir, la lluvia inundarla; pero el que nunca entrará a esta casa será el Rey de Inglaterra; que sus fuerzas nunca se atrevan a cruzar el umbral de mi casa porque este es el altar de mi libertad, y nadie lo penetrará sin mi permiso.”
“Que no se atrevan esos representantes del gobierno a cruzar el umbral de mi puerta ni a invadir mis espacios, pues yo no creo en la benevolencia de los píos mucho menos del gobierno”, termina Vallian.
Siguiendo en la sobremesa el citadino pregunta si había participado en la recién terminada guerra civil, a lo que Vallian responde que no. Sin ocultar su malestar le interroga de nuevo ¿por qué? El vaquero responde: “Porque no era mi negocio.” Entonces el interlocutor agresivamente le reclama: “Pero fue una justa lucha para liberar a los esclavos.” Vallian le dirige una mirada que casi lo perfora y afirma: “Entonces los que deberían de haber peleado eran los esclavizados,” y pasa a repetir las palabras de Jefferson: “Nadie merece su libertad si día a día no está dispuesto a morir luchando por ella.” “Si fueron otros los que les dieron su libertad, si ellos no se la ganaron, nunca serán verdaderamente libres.”
Continúa el vaquero. “Ustedes andan muy perdidos. La verdadera razón de la guerra civil no fue la liberación de los esclavos. El motivo fue la forma que el norte inició la destrucción del federalismo que le había dado vida a este país. El origen de EU fueron las 13 colonias que eran totalmente libres, independientes y soberanas. Así como la gran confusión que existe de la forma en que Texas—según historiadores mexicanos—le fue arrancada a México, la realidad es que los mexicanos residentes de Texas, fueron quienes promovieron su independencia cuando Santana destrozó el federalismo, para concentrar el poder absoluto en la ciudad de México. Se rebelaron contra otro Virreinato”.
“Nosotros tenemos la misma confusión e historia parecida. El Sur—como lo contempla la constitución—al estar en desacuerdo con la concentración de poder en Washington que le arrebataba a los estados y promovida por el mismo Lincoln, declaró su secesión para formar una verdadera República y continuar aplicando las ideas de Jefferson de meritocrácia, gobierno limitado, y una gran zona de libertad económica, que estaban edificando al país más rico del mundo. Pero el norte industrial, rico y contagiado con otras ideas, no lo iba permitir y se desató esa carnicería.”
“Y aclaro, yo estoy en contra de la esclavitud pero, repito, eso solo fue el pretexto para iniciar la guerra.”



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