Thursday, October 27, 2016

CONVERSACIONES CON EL TIO GILBERTO. UN LIBERAL MEXICANO XXIV



REFLEXIONES LIBERTARIAS
Ricardo Valenzuela
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Don Gilberto se entrevistó con el Gral. Calles en la ciudad de Cuernavaca, en donde lo recibió en su casa. Luego de los saludos protocolarios, puesto que  la tensión entre esos dos hombres llegaba a niveles que eran prácticamente difíciles de ocultar. El Gral. procede a notificar a don Gilberto que el motivo de su interés para promover tal reunión, era notificarle la formación de un nuevo partido que aglutinara todas las fuerzas que en esos momentos configuraban la “sociedad revolucionaria.” Es hora de abandonar las armas Licenciado, y pasar a la politica para construir el país que todos queremos, le afirmaba Calles.


El Gral. procede entonces dando los detalles de la estrategia que se proponía seguir a través de la cual, las columnas del partido serían los sectores obrero, campesino, popular, y algo muy importante, el sector militar que hasta esos momentos era en donde residía el poder que había imperado en aquel Mexico bronco y salvaje. Don Gilberto, con curiosidad, cierta cortesía y prudencia, de vez en cuando lo interrumpía para hacerle algunas preguntas y de esa forma, tener claro el panorama que se le dibujaba. Al final de la explicación el Gral. Le dice a don Gilberto: “Los sectores ya en las filas del partido en formación, han pensado que usted sería un buen candidato a la presidencia, ¿Qué le parece?

Don Gilberto guarda silencio un par de segundos, y ante un sorprendido jefe de la Revolución afirma: General, acuérdese del Plan de Agua Prieta. En esos momentos se le descompone el rostro, pero don Gilberto no lo deja que se reponga de la sorpresa y continúa. Lo que usted me está dibujando es una dictadura similar a la de Porfirio Diaz, pero en lugar de que el propietario sea un hombre, ahora lo será un grupo cobijados en algo que se le quiere dar la fisonomía de partido. Los dos postulados básicos de la revolución; sufragio efectivo y no reelección, con la formación de este partido, los está usted enterrando. Este país carece de algo muy importante General, una vibrante sociedad civil, y de esta forma, yo veo que nunca se va a desarrollar, y sin ella, el futuro es muy nebuloso.

Yo ahora escuchaba a Toño con incredibilidad y le pregunto. ¿Pero como se atrevió mi tío a retar a un hombre como Calles de esa manera? Pues mira Ricardo, esa era parte de la grandeza de don Gilberto. Además de todas las grandes cualidades que le hemos identificado, era un hombre de un valor indomable pero, su valor no era respaldado con armas como lo hacían toda la manada de barbajanes que se disputaban el poder. El valor de don Gilberto era respaldado con sus ideas y sus ideales pero, sobre todo, con esa gran mente de jurista siempre con la ley en la mano en la procuración de justicia para todos, que casi era su lema y forma de vida. Si alguien conocí en mi larga vida con el más claro concepto de justicia, fue Gilberto Valenzuela.

Me platicaba don Gilberto que después de pronunciar sus primeras frases, estaba listo para que el General lo echara de su casa, pero para su gran sorpresa, Calles con lo que parecía cierta flexibilidad de mente, le abría la puerta para desarrollar un diálogo y debate. Calles le responde, mire Licenciado, ya se ha derramado demasiada sangre y repito, es hora de darle oportunidad a la política formando las instituciones que le abran una brecha civilizada a este país tan agraviado. Le responde don Gilberto, si General, pero la forma que pretende utilizar para cimentar esas instituciones, es estilo militar, de la punta de la pirámide hacia abajo, y eso no funciona pues los cimientos son arenosos. El gran problema de Mexico es ese, siempre se han manejado todas las cuestiones nacionales de forma autócrata, sin dar oportunidad que sea la sociedad civil quien las construya de la base hacia arriba.

Calles bastante controlado le responde. Mire Licenciado, yo siempre he admirado su integridad, su gran apego a la ley, a la verdad y a la justicia, pero me parece que no entiende el que todas esas ideas que tan bellas que usted expone, son ropajes para otro tipo de país, y no para el Mexico en el que vivimos en estos momentos, un Mexico de barbarie y desorden en al cual si no metemos orden, fácilmente caerá en la anarquía. Ya conocemos como terminaron los sueños de Madero cuando con ese gran idealismo, enfrentó a las fieras con lluvia de flores.

Precisamente ese es mi punto General, le revira don Gilberto. Lo primero que el país requiere es un sistema judicial independiente, honesto y muy limpio. Lo que al país le urge es se implante el estado de derecho—pero primero dando libertad a la sociedad y luego respetando esas libertades—para que esa sociedad civil florezca y cada quien dentro de ese marco legal, desarrolle sus habilidades para construir las instituciones, pero debo de insistir, de la base hacia arriba. En un país sin esa libertad, la sociedad civil se marchita y nunca florece.

Continuaba don Gilberto; mire General, cualquier sociedad que perpetúa la fortaleza del estado dándole un control no casi total de su economía como usted lo plantea, es cuando se consuma ese fatal matrimonio de economía y politica provocando una regresión. En este escenario no hay futuro alguno para una sociedad sana ni para los valores de libertad por los que peleamos, y es cuando esa regresión toma el rostro del viejo feudalismo que el país ha padecido, primero en la colonia y luego desde nuestra independencia. Democracia, General, no es solamente el sufragio o la decisión de las mayorías, es un concepto mucho más amplio. El gobierno que siempre hemos tenido en Mexico, ha sido un arnés para la sociedad civil que no le ha permitido “sacar su energía a la superficie” y desarrollar su potencial, y perdóneme Señor, pero lo que usted me plantea es el mismo arnés, pero tal vez confeccionado con baqueta nueva.

En ese momento, me decía don Gilberto, sintió que Calles ya no quería escuchar más y le interrumpe. Mire Licenciado, esto es asunto ya decidido y mi deseo de reunirme con usted, era invitarlo a caminar juntos esta nueva etapa tan importante para el país. Entiendo que usted observe con ojos críticos este plan, pero repito, es algo decidido. Fue entonces cuando don Gilberto interrumpe a Calles y le dice: Pues lo siento mucho General, pero no veo esto sólo con ojos críticos, lo veo con ojos de uno de los millones de mexicanos que queremos algo diferente y por lo cual, como usted mismo lo dice, peleamos y se derramó demasiada sangre ¿para qué? ¿Para llegar al mismo sitio de donde partimos? No debemos seguir tratando a los mexicanos como si fueran buquis (niños) indefensos, es hora de entregarles la responsabilidad de sus vidas, y sobre todo, del país.   

Cierra don Gilberto. Lo siento mucho General, pero yo no puedo formar parte de algo en lo que no creo. Yo he hecho de mi vida una lucha tenaz y sostenida por el decoro de los mexicanos, por la creación de un Mexico con un estado de derecho que promueva a las autoridades para cumplir sus atribuciones de acuerdo a las facultades que les otorga la ley, un medio jurídico en el cual se pueda armonizar el orden con la libertad individual. Lo que usted me ha planteado, con todo respeto General, no va de acuerdo con mi visión del Mexico post revolucionario, ni con los acuerdos que tomamos juntos hace años en la ciudad de Agua Prieta. Pero de todas formas le agradezco la invitación.

En ese momento esos dos hombres que tantas batallas juntos habían librado, se despiden sabiendo que nunca se volverían a ver pero, sabiendo también que era muy probable que sus visiones tan diferentes muy pronto los enfrentaran.

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