Tuesday, September 20, 2016

La UE contra Apple contra Irlanda: Por qué la competencia fiscal es buena



Ahora está claro de muchas maneras que la Unión Europea es un cártel de gobiernos con altos impuestos cuyo objetivo es restringir la competencia fiscal. La política comercial supuestamente libre (es decir, regulada) de la UE no es más que una excusa para homogeneizar los regímenes fiscales y regulatorios de los estados-nación.
El objetivo final de los estados miembros con altos impuestos como Francia es usar la UE para extraer tanto como sea posible de los miembros productivos de la sociedad sin perder su base fiscal. Nunca ha estado tan claro como ahora con la reciente condena de Apple por la Comisión Europea, que afirma que esta debe pagar 13.000 millones de euros por “beneficios fiscales indebidos” al gobierno irlandés. La comisionada Margrethe Vestager, a cargo de la política de competencia, decía:



Los estados miembros no pueden dar beneficios fiscales a empresas seleccionadas: esto es ilegal bajo las normas de ayudas estatales de la UE. La investigación de la comisión concluyó que Irlanda concedió beneficios fiscales ilegales a Apple, lo que permitió pagar muchos menos impuestos que otras empresas a lo largo de muchos años. De hecho, este tratamiento selectivo permitió a Apple pagar un impuesto efectivo de sociedades con un tipo del 1% sobre sus beneficios europeos en 2003 hasta el 0,005% en 2014.

Un historial de aplastamiento de la competencia fiscal

La Unión Europea lleva batallando contra la política de impuestos bajos de Irlanda desde 2001. Desde esa fecha, la Comisión Europea empezó a usar las normas de ayudas estatales para impedir las desgravaciones fiscales para sectores concretos de negocios. Esto llevó a la abolición del Irish International Financial Services Centre (IFSC). Bajo este régimen, las empresas financieras establecidas en la zona portuaria de Dublín tenían un impuesto de sociedades del 10% en lugar del 30% aplicado a otras empresas irlandesas. La comisión europea argumentó que el IFSC irlandés equivalía a una ayuda estatal ilegal para sectores concretos.
La reacción del gobierno irlandés a la prohibición del IFSC fue bastante irónica. El tipo fiscal especialmente reducido del 10% para sectores concretos fue reemplazado por un tipo fiscal bajo general del 12% para todas las empresas, frustrando así el intento de Bruselas de reducir la competencia fiscal. Esta política creo irritación entre la clase política de los países con altos impuestos. Desde la crisis de 2009, Irlanda ha sido considerada sistemáticamente como la cabeza de turco oficial de todo político, cazador de brujas y otros demagogos, tratando de evitar cualquier discusión acerca del problema real: la expansión de gastos públicos improductivos y anticompetitivos.

Los beneficios de la competencia

Las teorías estándar de la competencia fiscal están en buena parte motivadas por la opinión de que esta es completamente mala o al menos es problemática en algunos casos. La mayoría de estos “modelos estándar” se basan en supuestos insostenibles, como gobiernos maximizadores del bienestar. Evidentemente, sin considerar a las organizaciones estatales como lo que son (es decir, organizaciones parasitarias), nuestras conclusiones con respecto a la competencia fiscal están condenadas al error. Después de todo, la supuesta benevolencia de los estados puede ponerse en cuestión señalando simplemente el hecho de que la misma existencia de los estados se basa esencialmente en medios coercitivos, es decir, en impuestos. Al violar los derechos de propiedad de sus ciudadanos, los impuestos llevan a un menor nivel de división del trabajo y de acumulación de capital. Por tanto, si la competencia fiscal reduce los recursos desviados del sector productivo al sector público, es buena para la economía y los consumidores.
En el caso de Irlanda, se argumenta que esos agujeros fiscales disfrutados por Apple están distorsionando la actividad económica y por tanto están reduciendo la eficiencia. Aparentemente el problema en este caso son las desgravaciones fiscales específicas de un sector, en lugar de la competencia fiscal. Esta forma de razonar es completamente defectuosa por una razón sencilla: los agujeros fiscales no son agujeros. Como escribía Murray Rothbard:
Por supuesto, los economistas del gobierno han estado haciendo su trabajo, así como tratando de dorar la píldora de los aumentos fiscales. Nunca se refieren a [la supresión de los agujeros fiscales] como “aumentos”. No han sido aumentos en absoluto: son “mejoras en los ingresos” y “cierres de agujeros”. El mejor comentario sobre el concepto de “agujeros” fue el de Ludwig von Mises. Mises destacaba que el mismo concepto de agujeros implica que el gobierno posee por derecho todo el dinero que ganes y que se hace necesario corregir el error del gobierno de no haber conseguido poner sus manos sobre ese dinero hasta entonces.
Los agujeros son las vías respiratorias del capitalismo. Los beneficios de la competencia fiscal no dependen de la existencia de un solo tipo fiscal uniforme, sino, por el contrario, de la diversidad de regímenes fiscales. Así, si el objetivo es domar al leviatán, el gobierno irlandés hasta ahora ha tenido una política relativamente mejor de competencia con otros países por la misma base fiscal. La UE, por el contrario, continúa en su intento de imponerse como un superestado, como en los buenos tiempos anteriores al Brexit.

¿Destruirá a la UE el asunto de la competencia fiscal?

Esto podría ser un error fatal que destruyera la autoridad de Bruselas. De hecho, el gobierno irlandés acaba de oponerse a la Comisión Europea y ha reclamado su derecho a no agravar a Apple. El ministro irlandés de finanzas advirtió de que luchará contra la Comisión Europea en los tribunales. El Irish Revenue Commissioners y al Departamento de Finanzas ya han gastado unos 670.000€ en costes legales del caso.
La pregunta ahora es: ¿hasta dónde está dispuesto a llegar el gobierno irlandés? En este momento, la UE tiene mucho más que perder dejando que un estado miembro se vuelva díscolo que el gobierno irlandés cumpliendo las órdenes de Bruselas. Por otro lado, los eurócratas, en un momento de creciente euroescepticismo, caminan por un campo de minas y no pueden permitirse la frustración de ningún estado miembro. Mo hace falta decir que el resultado de esta polémica es muy incierto, pero es posible que el imperialismo de la UE esté muerto.
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