Saturday, July 16, 2016

Brexit y sus perdedores


Manuel Hinds
Manuel Hinds es economista y consultor económico. Fue ministro de Hacienda de El Salvador entre 1994 y 1999. Se le considera el padre de la dolarización, pues fue quien propuso la idea en su país. Es autor de Playing Monopoly with the Devil: Dollarization and Domestic Currencies in Developing Countries (Yale University Press, 2006) y co-autor con Benn Steil de Money, Markets and Sovereignty (Yale University Press, 2009). Hinds también es columnista de El Diario de Hoy, de El Salvador. En 2010 obtuvo el Premio Hayek, del Manhattan Institute.
El resultado del referéndum del jueves 23 de junio, que determinó la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea (UE), ha causado un pánico mundial que amenaza con ser el incidente que inaugure una crisis mundial igual o peor que la de 2008. O al menos así parecen pensar muchas personas. Como se aprecia en la gráfica adjunta, los precios de las acciones están cayendo no sólo en el Reino Unido y la Unión Europea, sino también en EE.UU. Los niveles a los que han caído, sin embargo, no son tan bajos. Las acciones británicas y europeas tenían los precios de hoy en febrero recién pasado, y habían estado en ese nivel antes, en 2014. El precio de la libra esterlina ha bajado sustancialmente, pero a niveles que tenía en marzo de 2014 y antes en 2013. Lo que preocupa es la velocidad con la que estos precios están cayendo, aunque es muy rápido para saber si esta caída se prolongará o se corregirá eventualmente.



Es muy común echarle la culpa a los que votaron por salirse de la Unión Europea por todo esto que está pasando, pensando que la única manera en la que podría resolverse sería que hubiera otro referéndum y ganara la posición contraria. Esto da una medida de inexorabilidad a lo que está pasando porque, aunque no es imposible que hubiera otro referéndum, es muy improbable. Pero la verdad es que hay otra manera de resolverlo. Con solo que la Unión Europea decidiera que el Reino Unido podría seguir teniendo acceso al mercado libre europeo el pánico se terminaría.
La burocracia de Bruselas nunca quiso prestar atención a estos hechos. Aparentemente piensa que castigando fuertemente a Gran Bretaña hará que todos se queden en la UE aunque no les guste, y aunque el castigo a Gran Bretaña le cause grandes daños económicos a Europa misma.
Contrario a lo que casi todo el mundo dice y piensa y repite, Gran Bretaña no ha votado contra el libre comercio, ni contra la globalización. No ha dicho que va a aumentar las tarifas de importación a ni Europa ni a ningún otro país, ni que quiere salirse del mercado libre europeo. Ha decidido únicamente que quiere salirse de la Unión Europea, de la que el mercado común es solo un aspecto, que otros países como Noruega y Suiza comparten a pesar de no ser miembros de la Unión misma.
El mantener el acceso de Gran Bretaña al mercado libre europeo (y viceversa) sería muy beneficioso para Europa misma porque, como lo noté en un artículo de la semana pasada después de cuarenta y tres años las dos economías se han integrado muy cercanamente, de modo que los productos de un país contienen muchos componentes hechos en los otros. En esta situación, el cortar el libre acceso a la UE sería tan doloroso para la UE misma como para el Reino Unido. Una muestra de las percepciones inmediatas del público en este sentido es el hecho que las acciones han caído más en la Unión Europea que en Gran Bretaña (ver la gráfica adjunta).
7143 Fuente: Financial Times. Los precios de Gran Bretaña son del FTSE100, de Europa, Eurofirst, y de EE.UU. S&P500. El dato de S&P del lunes 27 está tomado a las dos de la tarde.
Pero esto es algo que aparentemente la burocracia de Bruselas no quiere permitir por dos razones. Primero porque su vida depende de que la gente asocie el acceso al mercado común que es el beneficio más grande de la UE, con el pago de la burocracia, aunque en realidad una cosa no tiene que ver con la otra. Segundo, porque, por la misma razón, ellos tienen que asegurarse de que los que se salgan de la UE caigan en una crisis porque si no todos se van a querer salir.
Por supuesto, este razonamiento evidencia una enorme debilidad en la UE. Siguiendo esta lógica, parecería no sólo que el único atractivo que tiene la institución es el libre comercio (para el que no se necesita mucha burocracia), sino que también depende de amenazas para mantener a sus asociados. Con esto, los burócratas de Bruselas estarían dando la razón a muchos de los que votaron por la salida en Gran Bretaña, que piensan que la UE ha sido tomada por una burocracia que no da un comino por la población europea sino sólo a los privilegios exorbitantes que se receta con los impuestos que todos los europeos pagan. Si la burocracia hubiera convertido a la UE en una institución realmente atractiva, nadie querría salirse de ella.
El Pew Research Center hizo recientemente una investigación del estado de las preferencias con respecto a la UE. Encontró que el 71% de los griegos tienen una percepción desfavorable de ella, mientras que en Francia la tiene el 61%, y en España el 49%, y en Alemania el 48% (el mismo porcentaje de Gran Bretaña al momento de la encuesta), y en Holanda el 46%, y en Suecia el 44%. Todos estos países están en el borde. Podrían votar irse de la UE.
El tratamiento del millón de refugiados que llegaron del Medio Oriente, que fue uno de los motivos que llevaron a los británicos a salirse, ha causado gran infelicidad en Europa. Todos los países anotados arriba estaban en contra, en porcentajes que van desde 94% de los griegos al 63% de los holandeses. Ninguno con menos. Igual pasa con el manejo de la economía. En ningún país de los mencionados la aprobación es mayor a 47%, y la desaprobación llega al 50% y más en Grecia, Italia, España, Suecia y Holanda.
Pero la burocracia sigue impávida, porque siempre ha pensado que no tiene por qué obedecer a los ignorantes que pagan sus salarios. Así, por ejemplo, siguen con la idea de que la unión debe hacerse cada vez más cercana, a pesar de que esto fue rechazado en los noventas por todos los países y de que ahora, según Pew, el país en el que los ciudadanos están más de acuerdo, Francia, sólo el 34% apoya esta tendencia. En el Reino Unido sólo era el 6%, en Suecia el 13, en Alemania el 26. En varios países no sólo no quieren que la unión sea más cercana sino que quieren que muchos poderes se retornen a sus gobiernos. En el Reino Unido era el 65%.
La burocracia de Bruselas nunca quiso prestar atención a estos hechos. Aparentemente piensa que castigando fuertemente a Gran Bretaña hará que todos se queden en la UE aunque no les guste, y aunque el castigo a Gran Bretaña le cause grandes daños económicos a Europa misma. Pero como dijo Angela Merkel, la UE tendrá que cambiar y prestar atención a sus ciudadanos, tendrá que entender que la democracia tiene que estar por arriba de la burocracia, y que al fin y al cabo los que mandan son los ciudadanos, no ellos. Por ahora, los europeos tienen en sus manos evitar que, por un capricho contra Gran Bretaña, la burocracia de la UE dañe a Europa y al mundo entero
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