Monday, July 24, 2017

El vaquero libertario y profeta XXVIII



REFLEXIONES LIBERTARIAS
Ricardo Valenzuela
El termino mercantilismo fue utilizado por primera vez por Adam Smith en 1776, cuando se refirió a él como “sistema comercial o mercantil”. En esa era ya estaba bajo poderosos ataques por todos los flancos, y Adam Smith lo hizo sujeto de un ataque sin compás, para darle el tiro de gracia, cuando ya con gran precisión lo describiera e identificara como un sistema que gran número de países utilizaba, como la estrategia de las monarquías. El mercantilismo no se conoció como una teoría económica, sino como una serie de prácticas políticas unidas por algún beneficio oculto

En esencia el mercantilismo es la práctica que lleva a utilizar el poder del gobierno para controlar la economía, pretendiendo incrementar la riqueza de la nación. Pero no para incrementar la riqueza de las naciones en general, sino para incrementar la riqueza de una nación específica. El método del mercantilismo siempre ha sido monopólico. Es cuando el gobierno se dedica a crear, cultivar, aprobar y proteger  monopolios para aquellos que él controla, esperando ese poder sobre las palancas económicas, lo lleve a incrementar la riqueza del estado y de algunos de los miembros del club. El mercantilismo también ha sido conocido como nacionalismo económico

 
Pero sobre todo, el mercantilismo ha sido un sistema de gobierno para regular, controlar y dirigir la economía. En esa era no se consideraba parte de la ciencia económica—pues la economía estaba todavía en un estado rudimentario y fragmentado, y así permaneció hasta la primera parte de este siglo— sino en una ideología y una creencia política. Inclusive las ideas económicas que se conocían en esa era, eran en gran parte derivadas del absolutismo que prevalecía en todo el mundo. La perspectiva dominante durante los siglos 16 y 17 y la primera parte del siglo 18, ha sido el absolutismo. Y en él se respiraba la idea que todo mundo y todo en general, debería estar bajo el poder del gobierno, y usualmente el poder de una persona.

El resultado fue el absolutismo real y total, teorías del derecho divino de los reyes y, en este siglo, lo que ha sido llamado el despotismo “iluminado”. Estas ideas se propagaron por toda Europa. Pero la expresión más bien redactada era la de Inglaterra en la figura de Thomas Hobbes en su libro titulado, The Leviathon. Hobbes era gran creyente de que si a la gente se le diera libertad, el resultado sería el caos. Y si las conductas de los hombres fueran dirigidas acorde a su juicio y sus particulares apetitos, no deberían esperar se les defendiera, ni se les protegiera contra el enemigo común, y tampoco de las injurias entre ellos mismos

El único camino para edificar ese poder común, argumentaba Hobbes, era entregando todo el poder y la fuerza del estado y la sociedad, a un hombre, o a una asamblea de hombres que controlara sus deseos, por medio de la pluralidad de voces, para convertirlo en un solo deseo. Y Hoobes lo describía así:

“Esta es la generación del gran Leviathon, o del Dios mortal, al cual debemos, bajo el Dios inmortal, nuestra paz y nuestra defensa. Y por esta autoridad, entregada por todos y cada uno de los hombres de la nación, el debe usar ese gran poder y fuerza que se le ha dado, para utilizando el terror sea capaz de desarrollar los deseos de todos ellos, para lograr paz en casa, y cooperación mutual contra los enemigos foráneos….Y el que ejerce ese poder debe ser llamado soberano, y sabremos que tiene ese poder soberano ilimitado, y todos los demás miembros de la sociedad, son súbditos inferiores”.

Esta perspectiva de la necesidad de imponer estas cadenas de control total a las sociedades, para, supuestamente, forjar un propósito de unidad de una nación para cercar las iglesias, lograr la centralización del poder en manos de los monarcas, establecer  gran censura, la autorización de monopolios y mercantilismo en general. Todo ello era algo más importante que ideología; era el temor a la libertad, el temor a lo que hombres agraviados pudieran hacer en libertad, para perseguir sus propios objetivos sin ataduras. O con otra visión; la profunda y enraizada creencia de que, si se pudiera lograr controlar a los hombres y dirigidos hacia el interés común, grandes cosas se pudieran lograr. Y esa creencia ha sido, a través de la historia, la justificación para la concentración de poder y ejercerlo sobre la gente.   

La realidad de las colonias inglesas en América, es que desde un principio se les establecieron controles mercantilistas y, en gran parte, sus economías estaban manejadas desde la madre patria, pero no era un mercantilismo tan severo como el de Francia y su Rey Sol. Sin embargo en 1651 los británicos intentaron imponer un sistema de control sobre el comercio de las colonias que no sería aceptable. Esto fue a través del Acto de Navegación que contenía muchas de las reglas que eran comunes en esa actividad, pero como fue aprobado por el parlamento cuando no había Rey, se podría considerar inválido cuando el monarca fue restaurado en el trono en 1660. Ese acto requería que todos los bienes importados o exportados por las colonias, debían hacerse en barcos construidos en Inglaterra o barcos que fueran propiedad de Inglaterra, y fueran operados por ciudadanos ingleses
Todos los comerciantes extranjeros fueron excluidos y se les prohibió comerciar con las colonias, y algunos artículos, solo podían ser exportados de las colonias a Inglaterra o a posiciones inglesas. Los artículos de toda Europa, solo podían ser importados a las colonias a través de Inglaterra. El propósito de ese Acto, era dar a Inglaterra el monopolio del comercio internacional de las colonias. A partir de esos momentos, Inglaterra inicio una oleada de prohibiciones del comercio de las colonias como: la lana que se prohibía la exportación de lana o de productos de lana a Inglaterra, a otras colonias y a otros países. El Acto de prohibición de la exportación de sombreros, limitando el número de aprendices que el fabricante podría emplear. Vendrían luego Actos de prohibición similares para melazas, azúcar, ron. Algunos tipos de acero, prohibiendo la erección de nuevas plantas de productos terminados en las colonias.

Pero política y económicamente el mercantilismo siempre ha estado cuajado de contradicciones. Políticamente, convierte el comercio internacional en competencia entre naciones. Enfrenta naciones contra naciones, haciendo del comercio un asunto más político y militar que económico. Económicamente el mercantilismo se basa en una premisa falsa. Los mercantilistas aseguran que en comercio unas naciones ganan y otras pierden. Esto va en contra de los básicos principios del comercio que, cuando hay un intercambio, ambas partes obtienen algo que ellos quieren más de lo que tienen. Entonces ambas partes se benefician al participar libremente en estas transacciones. Entonces, toda la voz populista del mercantilismo—balances favorables o deficitarios en el comercio, promoción de manufacturas, ayudas, subsidios, tarifas, restricciones monetarias etc. —producen rivalidades que son causa de infinidad de problemas. El resultado más directo del mercantilismo, siempre ha sido la guerra.    
                                                                                                             
En eso don Julián hace una pausa para decir. El sol se está ocultando, es hora de hacer campamento.


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