Por Carlos Alberto Montaner
La victoria del NO en el plebiscito
colombiano es un inesperado fenómeno político con enormes consecuencias
para Colombia y la región.
Parecía imposible que la sociedad
colombiana reaccionara de esa manera frente a la enorme campaña
publicitaria montada por el gobierno de Juan Manuel Santos.
La pregunta había sido formulada de
manera tramposa. Parecía que optar por el NO era negarse a la paz,
cuando, en realidad, lo que quería la mayoría de los colombianos era
poner fin al conflicto, pero sin entregarles a las FARC una serie de
privilegios políticos, económicos y jurídicos, que convertía a la banda
narcoterrorista en un partido encaminado a lograr por otros medios lo
que no consiguió con sus delitos.
Santos se las arregló para que, de
alguna manera, votar por el NO fuera votar contra el papa, contra John
Kerry, contra Ban Ki-moon y contra el rey de Juan Carlos I de España,
que estuvieron en Catagena junto a otras figuras internacionales,
irresponsablemente convocadas por Juan Manuel Santos para celebrar lo
que parecía un triunfo apabullante.
¿Por qué más de la mitad de los electores eligió el NO? Por tres razones fundamentales:
Porque existía y existe un profundo
rechazo y desconfianza hacia las FARC, que nunca han tenido más del 2 o 3
por ciento de apoyo en el país, debido a sus crímenes repugnantes.
Porque lo que se conocía de los pactos
era intolerable: impunidad, dinero, privilegios legislativos, subsidios.
Más que el fin a la guerra, parecía que la nación colombiana estaba
pagándoles un rescate a unos piratas que se habían apoderado del país
para que dejaran en paz a los ciudadanos.
Y tres, porque los ex presidentes Álvaro
Uribe y Andrés Pastrana, rodeados de primeras figuras de la vida
pública, como el senador Iván Duque, el abogado y ex ministro Fernando
Londoño, la ex candidata a la presidencia Marta Lucía Ramírez, el
periodista Plinio Apuleyo Mendoza, y otras docenas de personas
prestigiosas empeñaron sus voces y plumas en defender febrilmente las
libertades de todos los colombianos, y dieron una batalla que parecía
imposible.
¿Quién ganó y quién perdió en el plebiscito? En primer lugar, ganó el pueblo colombiano y perdieron las FARC.
Ganó el pueblo colombiano, porque,
quienes lo representen, de ahora en adelante, para sostener
negociaciones, tienen el mandato tácito de no ceder ante las peticiones
excesivas e injustas de los narcoterroristas.
Perdieron las FARC, porque el señor
Timochenko, máximo cabecilla de la banda, pero no el único, hoy está más
débil junto a los camaradas de armas que cuestionaban su liderazgo. No
tiene sentido regresar a las selvas, y si las FARC vuelven a matar
estarán legitimando una respuesta contundente por parte del Estado.
Ojalá que el presidente Santos advierta
que la victoria del NO aporta una oportunidad dorada de poner fin al
conflicto, pero de una manera honrosa y ajustada a Derecho, y no de la
forma ilegal y absurda reflejada en los pactos de paz apresuradamente
firmados en La Habana.
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