Monday, September 26, 2016

Romper o favorecer el statu quo

Gabriela Calderón de Burgos dice que aquellos países ex-comunistas que realizaron las reformas rápido han tenido un mayor progreso en la calidad de sus instituciones y obtenido mayores libertades políticas y civiles.

Gabriela Calderón de Burgos es editora de ElCato.org, investigadora del Cato Institute y columnista de El Universo (Ecuador).
La semana pasada expliqué que 25 años después de la caída del Muro de Berlín los países ex-comunistas que realizaron reformas rápidas experimentaron un costo social menor que aquellos que realizaron las reformas de manera gradual. Pero las ventajas de haber realizado las reformas rápidas se extienden a otras dimensiones importantes.



Los críticos de las reformas rápidas sostenían que era necesario realizar primero las reformas institucionales para que pueda funcionar bien la economía de mercado. El estudio reciente de mi colega del Instituto Cato Marian Tupy, Oleh Havrylyshyn y Xiaofan Meng (George Washington University), demuestra que los países que más rápido liberalizaron sus economías también son aquellos que han tenido mayor progreso en la calidad de sus instituciones.
Observando los datos disponibles por el periodo más largo —contenidos en los indicadores de Transición del Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo— vemos que aquellos que realizaron una mayor y más rápida liberalización económica lograron avanzar más en el desarrollo de sus instituciones.
Los autores también consideraron otros índices que analizan la calidad institucional. El Índice Mundial de Gobernabilidad del Banco Mundial contiene un indicador que mide la salud del Estado de Derecho en un país. Según este indicador, quienes lideraron en reformas económicas también mejoraron su puntaje promedio en este indicador, mientras quienes reformaron gradualmente han visto su puntaje promedio caer.
La corrupción es considerada como una señal acerca de la salud de las instituciones: a mayor corrupción, peores instituciones. Los autores también observaron el Índice de Percepción de Corrupción (IPC) de Transparencia Internacional. Según el IPC, los reformadores rápidos, sobre todo los países de Europa Central y Bálticos, han mejorado su calificación entre 1998 y 2011, mientras que los reformadores graduales han empeorado.
Adicionalmente, los autores consideraron los datos del Informe Libertad en el Mundo de Freedom House para medir la evolución de los derechos políticos y libertades civiles en estos países. Dicho informe saca un promedio de la calificación de cada país en derechos políticos y libertades civiles para obtener una estimación del grado de libertad de la que gozan los individuos en determinado país. Es notable que los reformadores rápidos se encuentran en niveles similares a los países ricos y democráticos de Occidente mientras que los graduales se han mantenido en un nivel similar desde 1990.
Un hallazgo importante de este estudio es que el patrón básico de la estrategia de reforma se fijó dentro de los primero cuatro a cinco años luego del colapso del socialismo y que luego es muy difícil romper ese molde.
Finalmente, no es necesario establecer las instituciones ideales antes de realizar las reformas económicas. El Premio Nobel Douglass North explicó que estas tomaron siglos en desarrollarse en Occidente y que nadie sabe exactamente qué nivel de institucionalidad se requiere para recuperar la senda del crecimiento. Pero sabemos que aún con el nivel precario de institucionalidad que tenían los países bálticos y aquellos de Europa Central, les fue posible embarcarse en una tendencia de crecimiento superior a los que optaron por la ruta gradual.
Así que los países que buscan salir del autoritarismo y la recesión, adoptando un modelo liberal, no deberían temerle a la vía rápida.
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