Sunday, July 30, 2017

El vaquero libertario y profeta XXIX



REFLEXIONES LIBERTARIAS
Ricardo Valenzuela
Habían cabalgado varias leguas y envueltos en la exposición de don Julián, Soledad y Vallian no se habían dado cuenta del tiempo transcurrido pero sentían  que estaban algo cansados. Llegaban a las orillas de una cristalina cañada de las muchas que escurrían las aguas de las sierras a los valles del Paredón Vallo. Uno de los vaqueros se dirige al hacendado y le dice; creo este es un buen lugar para acampar don Julián. Desensillan los caballos y el cocinero empieza a preparar sus utensilios, mientras los vaqueros inician la enorme fogata. Media hora después se ubicaban todos alrededor del fuego mientras el cocinero les servía trucha asada recién pescada, frijoles estilo mexicano, rozos de papas fritas, acompañados con las clásicas tortillas sobaqueras.

 
Devoran lo servido pues después de esa larga cabalgata estaban hambrientos. Era la hora del café y don Julián desenfunda una cantimplora rebosante del ya conocido brandy español, que vierte en las tasas de aluminio de todos los comensales. El brandy les reconforta en una noche de otoño cuando el frio ya calaba, acompañado de un ligero viento que soplaba entre las arboledas de sauces, álamos y Tepehuajes, que se elevaban en las dos orillas de la cañada como serios vigilantes. Era una hermosa noche adornada por una luna muy brillante. El final de la cena Vallian exclama; felicitaciones para el chef pues la cena estuvo exquisita, el cocinero sonríe y da las gracias.

Don Julián entonces invita. Este ha sido un día largo y mañana será igual, yo propongo vallamos a dormir para estar listos muy temprano. Soledad con toda naturaleza establecía su lugar entre los de Vallian y don Julián, tiraba una gruesa cobija, otra aun más gruesa para taparse, para luego recostarse usando como almohada su silla de montar, la cual acondicionaba con un pequeño cojín para que no fuera tan dura. Vallian hacia lo mismo pero como el frio apretaba, en lugar de una colcha, se tapa con una impresionante piel de oso ya tratada por un buen talabartero que la hacía sentir suave y confortable. Soledad se sorprende y le dice, oye tío, parece que vas al polo norte, te vas a rostizar esta noche. Espera que el sereno empiece a caer gachupinsita, vas a estar temblando de frio, tanto que hasta ganas te van a dar de meterte a mi cobija. Soledad emite una sonora carcajada y le revira, brincos dieras mata sietes, mientras cierra los ojos para caer en un profundo sueño.

A los primeros rayos de la aurora, el popular cocinero empieza a alimentar la fogata para preparar el café. Era una mañana fría y se veía la escarcha sobre la hierba y los arboles. Soledad se levanta como empujada por un resorte, se envuelve en su cobija, toma un pequeño maletín y se dirige a la orilla de la cañada lejos de la vista de los demás. Se desnuda y con los labios casi morados, se zambulle en las frías aguas del arroyuelo y procede a lavar su bello cuerpo. Vallian hacia lo mismo pero en el otro extremo de la cañada. Regresan casi al mismo tiempo para encontrar a don Julián saboreando una taza del cargado café y les dice; chamacos, ustedes están locos, a quien se le ocurre meterse al agua con este frio que cala los huesos. Soledad responde; pero tío, si es lo mejor para la salud, un diario baño de agua fría. Cierra don Julián, si, tal vez para los jóvenes como ustedes, pero yo prefiero oler un poco a pescar una pulmonía.

El cocinero empieza a servir el desayuno de huevos revueltos con chorizo—elementos que nadie se explicaba cómo era que los transportaba sin que los huevos se quebraran—sirve el plato acompañado de unos panecillos de maíz recalentados, para luego pasar al café aun más cargado que el anterior. Devoran el desayuno para luego encontrar sus caballos ya ensillados, y luego de levantar campamento, inician la cabalgata del segundo día. Al emerger del bajío en donde habían pasado la noche, encuentran un interminable mar de pastizales color oro que, montados sobre los lomos de unas interminables lomas, ofrecían un paisaje indescriptible de belleza natural cuando el sol ya se asomaba sobe las sierras del este. Soledad exclama, que belleza, que belleza.

Apuntan sus caballos hacia el rumbo perseguido y de inmediato don Julián se dirige a Soledad para decirle. A ver mijita, porque no nos explicas un poco la estrategia legal que tienes en mente para el establecimiento de una zona libre en estos ranchos. Responde Soledad. Pues mire tío, en primer lugar lo que yo propongo, es llevar a cabo un experimento con solo un 5% del terreno de Los Sicomoros, es decir, unos 40,00 acres. ¿Qué tal si usted vendiera esos miles de acres a familias que realmente lo merecieran? Como serían gentes que no tienen capital, se fijaría un precio de los terrenos, se les vendería también ganado y se les proporcionaría el capital de trabajo necesario. Se podría formar un Trust en cual se aportaran todos los activos del proyecto. Entonces los propietarios serian accionistas en proporciones iguales. Ellos, los propietarios, además de ser accionistas, trabajarían en el proyecto recibiendo, en vez de sueldo, un anticipo a sus ganancias que tuvieran con la venta de ganado.

Interrumpe, todo suena bien, pero ¿Cómo es que pagarían estos nuevos propietarios por lo que estarían recibiendo? Responde Soledad, mire tío, el Trust propietario de todos los activos, podría emitir bonos que ya llevarían como garantía esos mismos activos. Se podría hacer unas proyecciones de lo que el Trust estaría generando como ganancias y con ese tipo de información, un banco como el Cattlemen’s Bank podría llevar a cabo la venta de esos bonos si es que usted quisiera como dicen los americanos, cash out, para recibir los montos de la venta de bonos. Ahora, yo pienso que ese proyecto de manejo intensivo de ganado, con un mercado creciente, y una buena asesoría, puede generar muy buenas utilidades que provoquen el aumento de valor de los bonos emitidos.

Ahora, continua Soledad, al mismo tiempo que se estructurara este proyecto, se podría iniciar el proceso que convirtiera a Los Sicomoros como una verdadera zona libre y autónoma, aprovechando el esquema que ya el gobierno de los EEUU está por implantar en las reservaciones indias que, como se ve venir, las convertirían en casi países autónomos, con su propio gobierno, sus propias reglas y hasta su propia constitución. Tengo la sospecha, pero lo tengo también que verificar, que los “grants” otorgados por los monarcas de España en tiempos de la colonia, pueden tener ese tratamiento. Basados en la Common Law de Inglaterra, Los Sicomoros podrían ser tratados como un Trust o Corporación—y creo que sin tener que formar esa figura—para tener sus propias reglas como las llegaron a tener las ciudades—estados de la edad media.

Es decir, todo tipo de operaciones que se llevaran a cabo en la jurisdicción de Los Sicomoros, serian regidas por esas reglas, incluyendo el instrumento de arbitraje ejercido por jueces que operarían con fuerza de decisión, dentro de esta jurisdicción. Los Sicomoros, como de hecho ya lo hace, para ofrecer servicios que requiere una población, tendrían sus empresas particulares de policía, servicios de salud, servicios de educación y otros que tal vez en estos momentos no se requieran, pero, dependiendo del sesgo que se le de a esta nueva ciudad privada, a futuro se podrían requerir muchos más. Incluyendo en esos futuros servicios, la edificación de juzgados para resolver conflictos entre los habitantes, e, inclusive, otros que se presentaran fuera de esta jurisdicción pero que en sus contratos originales ubicaran para la solución de conflictos, los juzgados de Los Sicomoros.

Usted tío sería presidente del consejo del organismo que se decida y que ampare los activos de Los Sicomoros, y usted mismo nombraría a los otros miembros del consejo al cual se le adjudicarían responsabilidades muy claras, para la dirección del proyecto y las estrategias para alcanzar los objetivos que se definan, así como los tipos de controles para corregir posibles desviaciones del plan original.

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