Monday, December 5, 2016

Las democracias no son tan estables como se pensaba… y estas son las señales de alerta

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Un hombre camina cerca de los avisos que animan a los italianos a votar en un referendo en Roma. CreditTony Gentile/Reuters

WASHINGTON — Yascha Mounk está acostumbrado a ser la persona más pesimista de cualquier lugar. En años recientes, Mounk, catedrático de Gobierno en Harvard, ha desafiado una de las premisas fundamentales de la política en Occidente: desde que un país se convierte en una democracia liberal, seguirá por esa senda.
Su investigación indica algo muy distinto: las democracias liberales quizá enfrenten un riesgo grave de estar en decadencia.


El interés de Mounk por el tema surgió de una manera muy inusual. En 2014, publicó un libro titulado Stranger in My Own Country. Al principio planeaba que fueran las memorias de su experiencia como un judío que creció en Alemania, pero se convirtió en una investigación más amplia sobre las dificultades que enfrentan los países europeos contemporáneos para construir identidades nacionales nuevas y multiculturales.
Su conclusión es que la tarea no iba muy bien. Parecía vislumbrarse un repunte populista. Se preguntó si se trataba de un nuevo estilo de política o si era un síntoma de algo más profundo.
Para responder a esa pregunta, Mounk unió esfuerzos con Roberto Stefan Foa, experto en Ciencia Política de la Universidad de Melbourne en Australia. Se dedicaron a recopilar datos y hacer cálculos para evaluar la salud de las democracias liberales.
Su conclusión, que se publicará en el número de enero de la revista científica Journal of Democracy, es que las democracias no están tan seguras como cree la gente. Justo ahora, afirmó Mounk en una entrevista, “hay señales de alarma”.

Primeras señales de decadencia

En Ciencia Política existe una teoría llamada “consolidación democrática” que sostiene que una vez que los países desarrollan instituciones democráticas, una sociedad civil sólida y cierto nivel de riqueza, su democracia se encuentra estable.
Durante décadas, los sucesos globales parecieron dar sustento a esta idea. Datos de la organización de vigilancia Freedom House, que calcula estadísticas de democracia y libertad en todo el mundo, muestran que el número de países clasificados como “libres” aumentó de manera constante desde mediados de los años setenta hasta principios de la década del 2000. Muchos países latinoamericanos experimentaron la transición de un gobierno militar a una democracia; después de que finalizó la Guerra Fría, en gran parte de Europa del este ocurrió lo mismo. Además, las democracias liberales en América del Norte, Europa occidental y Australia parecían más seguras que nunca.
Sin embargo, a partir de 2005, el índice de Freedom House ha exhibido una baja en las estadísticas de libertad global cada año. ¿Se trata de una anomalía estadística, resultado de unos cuantos sucesos aleatorios en un plazo relativamente corto? ¿O es indicación de un patrón significativo?
Mounk y Foa diseñaron una fórmula de tres factores para responder esta pregunta. Mounk la equipara a un sistema de alerta temprana, y opera de manera parecida a un examen médico: puede detectar si una democracia está enferma antes de que los síntomas se desarrollen por completo.
El primer factor es el apoyo popular a la democracia: ¿qué tan importante es para los ciudadanos que su país siga siendo democrático? El segundo, la apertura del pueblo a formas de gobierno no democráticas, como el gobierno militar. Por último, el tercer factor es el apoyo a los “partidos y movimientos que se oponen al sistema” (partidos políticos y otros participantes importantes cuyo mensaje central es que el sistema actual no es legítimo).
En los casos en que el apoyo a la democracia se redujo, mientras que los otros dos parámetros aumentaron, los investigadores marcaron a ese país como un Estado en “desconsolidación”. Descubrieron que la desconsolidación es el equivalente político a una fiebre ligera que se presenta un día antes de que se manifieste un caso de gripa.
Venezuela, por ejemplo, registró las calificaciones más altas posibles en los parámetros de Freedom House para derechos políticos y democracia en la década de 1980, pero esas prácticas democráticas no estaban profundamente arraigadas. Durante ese aparente periodo de estabilidad, Venezuela ya podía clasificarse como un país en desconsolidación según la prueba Mounk-Foa.
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Yascha Mounk, un profesor de Harvard
Desde entonces, la democracia en Venezuela ha experimentado un declive significativo. En 1992, una facción de las fuerzas armadas venezolanas leal a Hugo Chávez intentó llevar a cabo un golpe de Estado en contra del gobierno electo democráticamente. Chávez fue electo presidente en 1998 como parte de una oleada de apoyo populista y de inmediato aprobó una constitución nueva que consolidó su poder. Su gobierno reprimió la disconformidad, encarceló a los opositores políticos y trituró la economía del país con una serie de mejoras económicas mal planeadas.
De manera similar, cuando Polonia ingresó a la Unión Europea en 2004, era considerada como un gran ejemplo por ser un país que vivió la transición del comunismo hacia una democracia consolidada. No obstante, Mounk y Foa hallaron fuertes señales de desconsolidación durante ese periodo: ya en 2005, casi el 16 por ciento de los polacos declararon que consideraban que la democracia era una “mala” o “muy mala” opción para el país. Para 2012, el 22 por ciento de los encuestados declararon que respaldaban al gobierno militar y, a mediados de la década del 2000, una serie de partidos opuestos al sistema —como Ley y Justicia, Autodefensa de la República de Polonia y la Liga de Familias Polacas— comenzaron a ganar impulso en la escena política de Polonia.
En la actualidad, esa fiebre comienza a parecerse mucho a la gripe. Ley y Justicia, que ganó la presidencia y una mayoría parlamentaria en 2015, ha debilitado sistemáticamente las instituciones democráticas.
Los esfuerzos del gobierno para socavar al tribunal constitucional del país, por ejemplo, dieron lugar a una investigación por parte de la Unión Europea. El informe que resultó de esta advierte que las acciones del gobierno “ponen en peligro no solo el marco de derecho, sino también el funcionamiento del sistema democrático”.

¿Señales de alarma?

De acuerdo con el sistema de alerta temprana Mounk-Foa, Estados Unidos y muchas otras democracias liberales muestran señales de desconsolidación democrática similares a las que exhibía Venezuela antes de su crisis.
En muchos países, incluidos Australia, el Reino Unido, los Países Bajos, Nueva Zelanda, Suecia y Estados Unidos, se ha desplomado el porcentaje de personas que consideran “esencial” vivir en una democracia y sucede en especial entre las generaciones más jóvenes.
También va en aumento el apoyo a las alternativas autocráticas. A partir de datos de la Encuesta Europea de Valores y la Encuesta Mundial de Valores, los investigadores descubrieron que en 2014 aumentó a uno de cada seis la proporción de estadounidenses que consideran que un gobierno militar sería una opción “buena” o “muy buena”, en comparación con uno de cada 16 en 1995.
Esa tendencia es muy marcada, en especial entre los jóvenes. Por ejemplo, en un artículo anterior, los investigadores calcularon que el 43 por ciento de los adultos mayores en Estados Unidos consideraban ilegítimo que las fuerzas armadas tomaran el control si el gobierno resultara incompetente o no cumpliera su trabajo, pero solo el 19 por ciento de los llamados millennials opinaban lo mismo. La misma división generacional es evidente en Europa, donde el 53 por ciento de los adultos mayores consideran que no sería legítimo que las fuerzas armadas tomaran el poder, mientras que solo el 36 por ciento de los millennials opina lo mismo.
En Estados Unidos, Donald Trump, quien se presentó en la campaña como alguien ajeno al sistema político y con ideas contrarias a las de este, ganó las elecciones presidenciales. Así mismo, en Europa aumenta el apoyo a los partidos populistas que se oponen al sistema, como el Frente Nacional en Francia, Syriza en Grecia y el Movimiento 5 Estrellas en Italia.
Por supuesto, solo se trata de un artículo y el enfoque de los investigadores tiene limitaciones, como toda investigación en las ciencias sociales que se basa en datos. Su validez depende de los datos que utiliza para sus cálculos y no toma en cuenta otros factores que podrían ser importantes para la estabilidad general, como el crecimiento económico. Por lo menos un distinguido experto en Ciencia Política argumenta que los datos de Mounk y Foa no son tan preocupantes como creen.
Además, que exista una correlación por supuesto que no implica que exista una relación causal. Si bien los investigadores identificaron una relación entre la desconsolidación y la inestabilidad democrática, están lejos de haber demostrado las causas de raíz de cada uno de los factores.
“Se trata tan solo de un parámetro”, reconoció Mounk con respecto a su propia investigación. “Sin embargo”, agregó después de una pausa, “debería preocuparnos”.
El investigador teme que las minucias de la política puedan distraernos con facilidad de estos peligros más fundamentales. “No se trata solamente de lo que hará Trump con la EPA”, afirmó refiriéndose a la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos. “En realidad se trata de que quizá Trump intente socavar la democracia liberal de Estados Unidos”.
“Esto ya está pasando en otras partes”, enfatizó Mounk. “Nosotros como periodistas, académicos y pensadores tenemos el deber de por lo menos explicarle con claridad a la gente qué está en juego”.
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