Thursday, December 15, 2016

Innumerables estadounidenses normales se benefician cuando las empresas se trasladan a México


Matt Drudge ha estado aplaudiendo los intentos de Donald Trump de impedir que las empresas trasladen sus fábricas a países extranjeros.
Cuando Carrier anunció que no trasladaría mil puestos de trabajo a México, el título de Drudge decía: “Estados Unidos de nuevo grande: Carrier se queda”.
Drudge puso un título similar cuando Trump se atribuyó el mérito del anuncio de la Ford Motor Company de que no iba a trasladar la fabricación de un SUV Lincoln a México. Ford sí planea seguir adelante trasladando a México más fábricas de automóviles pequeños, a pesar del hecho de que Trump había prometido anteriormente imponer un arancel del 35% a las importaciones de automóviles desde México.



Por desgracia los titulares de Drudge no hacen sino ayudar a perpetuar ideas simples de cómo se crea riqueza y repiten la idea de que el libre comercio y el libre movimiento de capitales de alguna manera hacen más pobres a la mayoría de los estadounidenses.
De hecho, parece que la mayoría de los expertos y organizaciones de noticias están tratando como algo sabido que mantener la fabricación de automóviles o de aire acondicionado dentro de las fronteras de los Estados Unidos es un “triunfo” automático.
La mayoría de las críticas al acuerdo de Trump con Carrier se han centrado en su política y legalidad. Hay quien incluso ha afirmado que Carrier ha sido esencialmente comparado con “subvenciones” del estado de indiana y posiblemente también del propio gobierno federal.
Sin embargo, como ha señalado Tho Bishop, lo poco que sabemos del acuerdo indica que se caracteriza principalmente por desgravaciones fiscales, a las que no se puede llamar propiamente subvenciones. Y si en realidad hay desgravaciones fiscales detrás del acuerdo, no hay razón para criticar el tratado debido a eso.
Lo problemático sin embargo es la continua insistencia por parte de expertos y políticos en que es una gran victoria no trasladar una fábrica a una jurisdicción política vecina.
A esto se refuerza luego centrándose solo en lo que Frédéric Bastiat llamaba “lo que se ve”. Es decir, se centran solo en las personas que mantienen sus empleos (por ahora) por no tener lugar el traslado a México. Esto queda bien en televisión, como ocurrió cuando FoxNews mostró a un empleado de Carrier dando las gracias a Trump por mantener supuestamente los trabajos en Estados Unidos.
¿Pero qué pasa con aquellos grupos y personas “que no se ven” y que se habrían beneficiado de un traslado de Carrier a México?
Después de todo, Carrier había declarado originalmente que el propósito del traslado era ahorrar a la empresa 65.000 millones de dólares en costes laborales. Esto se habría traducido en precios más bajos para los clientes de Carrier y eso, a su vez, habría ayudado a Carrier a mantener su posición en el mercado y su rentabilidad.
Es completamente posible que el acuerdo realizado con la administración Trump y el estado de Indiana haga innecesario el traslado y permita a Carrier reducir costes de todas maneras. El hecho es que sabemos pocos detalles importantes sobre el asunto.
Sin embargo, supongamos que Crarier decidió no trasladarse para evitar los posibles futuros aranceles con los que ha amenazado Trump o que el supuesto acuerdo de rebaja de impuestos no compense totalmente los 65 millones de dólares que se habrían ahorrado si la empresa se hubiera mudado. Tal vez el acuerdo no bastara para que políticamente “no mereciera la pena” el traslado.
Así que digamos ahora que Carrier solo ahorraría 40 millones de dólares debido al acuerdo con Trump. (Repito que no sabemos los detalles).
Si fuera así, entonces todos los consumidores de productos Carrier (excepto aquellos pocos que trabajaran para Carrier) perderían si Carrier se mantuviera en Estados Unidos.
Todos esos dueños de pequeños negocios, hogares y otros que compraran acondicionadores y productos similares de Carrier ahora pagarían más. Incluso quienes usen acondicionadores de otros fabricantes acabarían perdiendo, ya que Carrier sería entonces menos competitiva y ocasionaría menos reducciones de precio de sus competidores. Además, con aires acondicionados más caros, se comprarían menos, lo que significa menos empleos para quienes reparan acondicionadores o fabrican piezas para estos.
Estos son los grandes beneficiados por el libre comercio y el capital que se mueve libremente que no se ven y que son tan a menudo ignorados por la prensa y los políticos.

¿Qué pasa con los empresarios que necesitan una climatización barata?

Después de todo, el aire acondicionado no es únicamente un lujo del que disfrutan unas pocas personas ricas. El aire acondicionado tiene multitud de aplicaciones en la producción, lo que significa que cualquier actuación de un cargo público para impedir que Carrier rebaje el coste de este producto llevará a mayores costes para muchos otros fabricantes.
Cines, fábricas, almacenes, torres de servidores y multitud de otros productores y consumidores dedican a la climatización un porcentaje no despreciable de sus costes de operación. Cada vez que estos costes aumentan (o no se les deja bajar) debido a la intervención pública, se pone presión sobre aquellos otros empresarios que puedan verse obligados a realizar despidos para seguir siendo rentables o competitivos.
Pero no oiréis nada en FoxNews si un pequeño negocio quiebra o debe renunciar a contratar nuevos empleados porque sus costes de climatización son demasiado altos. No oiréis hablar de ello cuando alguna fábrica farmacéutica de tamaño medio retrase una expansión debido a que su rentabilidad se ha visto afectada negativamente por acondicionadores caros.
Solo oiremos hablar del diminuto número de personas (de un país con 320 millones) que mantendrán sus trabajos a costa de multitudes desconocidas de otros empleados y fabricantes que se habrían beneficiado de un recorte de costes en la empresa en cuestión.
Naturalmente, este mismo argumento es aplicable a cualquier producto que utilicen productores y consumidores. Lo que equivale a decir que es aplicable a todos los productos. Los productores compran automóviles a la Ford Motor Company, lo que significa que los dueños y empresarios de los negocios son capaces de contratar más gente cuando pueden comprar automóviles menos caros fabricados en México. Los productores pueden contratar a más gente cuando pueden comprar uniformes menos caros de Vietnam para los miembros de su personal. Y así sucesivamente.
Una política pública que aumente el coste de la ropa y los automóviles solo aumenta el coste de la vida y hace más difícil a las empresas expandirse y contratar personas. Pero como es más sencillo limitarse a presentar a un trabajador del automóvil desempleado en televisión, ignoramos las realidades de cómo el libre comercio hace más fácil a los empresarios y otros productores hacer crecer sus negocios y contratar a gente.
Ahora bien, si fabricantes como Carrier decide no trasladarse porque los costes se han reducido en el interior, eso es bueno. Si las empresas dejan de trasladarse para evitar los impuestos con los que todavía amenaza Donald Trump, entonces es simplemente una pérdida neta para incontables consumidores, empleados y productores en toda la nación.
Indudablemente, es fácil simpatizar con Trump cuando anuncia que recortará algunos impuestos y regulaciones nacionales sobre las empresas. Sin embargo, a estos anuncios a menudo les siguen en la siguiente respiración declaraciones perturbadoramente en contra del mercado, como el comentario de ayer de Mike Pence de que “el mercado libre ha estado disponiendo las cosas y Estados Unidos ha estado perdiendo”. La postura de Pence de que “el libre mercado” significa que los estadounidenses están “perdiendo” trasluce una lamentable desconsideración por la economía básica.
¿Toda la palabrería acerca de rebajar la regulación pública estará acompañada por amenazas contra empresas privadas y desprecio por los mercados libres y el libre comercio? Puede que tengamos que prepararnos para esperar esto en los próximos cuatro años
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