Monday, November 28, 2016

¿Trump tico?

Juan Carlos Hidalgo comenta la postura del candidato a la presidencia de Costa Rica, Otto Guevara, en relación a la inmigración.


Juan Carlos Hidalgo
 
es Analista de Políticas Públicas para América Latina del Cato Institute.
¿Merecía Otto Guevara todo un editorial de La Nación castigándolo por ventilar sus renovados bríos electorales tras la victoria de Donald Trump? Sin lugar a dudas. No se trata de criticar a un político por querer aspirar –por quinta vez– a la presidencia. Ni tan siquiera por querer mutar –por quinta vez– sus principios. El problema yace en el mensaje que Guevara querría explotar en campaña: el muy peligroso y siempre presente odio que muchos ticos tienen hacia los inmigrantes, particularmente nicaragüenses. Costa Rica ostenta dos condiciones que constituyen un potente caldo de cultivo para un mensaje populista-xenófobo: una alta y persistente tasa de desempleo y un generoso –e igualmente oneroso– Estado de bienestarque otorga beneficios básicos a inmigrantes indocumentados. A esto súmesele la desconfianza casi universal que generan los extranjeros que llegan a buscar vida a un país, especialmente si son mano de obra poco calificada.



Lamentablemente –y es una realidad que no podemos ocultar– un segmento nada despreciable de la opinión pública costarricense alberga la percepción de que los inmigrantes vienen a robar puestos de trabajo, cometer crímenes y abusar de la beneficencia estatal. La campaña de Trump, quien trató a los inmigrantes mexicanos de violadores y narcotraficantes, solo podría servir de inspiración para un populista demagogo que quiera explotar estos sentimientos. Guevara ya levantó la mano.
La realidad es de hecho muy distinta. Según investigaciones de Juan Diego Trejos, de la Universidad de Costa Rica, los inmigrantes tienen un efecto fiscal positivo, es decir, contribuyen más en impuestos de lo que reciben en servicios. Además, la inmigración nicaragüense no impacta negativamente el índice de pobreza ni la criminalidad. Más bien, al permitir una mayor especialización de la mano de obra y al dinamizar el crecimiento de la población, contribuye significativamente a la economía nacional.
Guevara debería manejar bien esta evidencia, puesto que los liberales históricamente hemos promulgado los beneficios de la inmigración, así como defendemos el libre movimiento de bienes, servicios y capital. Pero más que eso, él debería reconocer el enorme peligro que conlleva atizar los fantasmas del nacionalismo y la xenofobia en una elección.
No es para menos, entonces, que Otto Guevara merezca todo este escarnio por su irresponsable aspiración a reciclarse como el Trump tico en las próximas elecciones.
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