Monday, November 28, 2016

Trump: el único líder mundial que ha revelado la fracasada y violenta dictadura de Fidel Castro

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Como era de esperar, la muerte del dictador cubano Fidel Castro el 25 de noviembre produjo una gran efusión de dolor entre los “guerreros de la justicia social” de la izquierda a través del mundo. Jeremy Corbyn, el líder del Partido Laborista británico que también forma parte del grupo pro-Castro Cuba Solidarity Campaign, dijo que el autócrata cubano había dejado atrás muchos logros, “desde un sistema de salud y educación de nivel mundial hasta su legado de solidaridad internacional”.
Similarmente, el expresidente de Uruguay José “Pepe” Mujica publicó una carta en honor a Castro en la que lo alaba por dejar a Cuba “sin analfabetismo, con el mejor sistema de salud pública, con la mejor educación del continente…”


El mito de la salud pública “de nivel mundial” en Cuba 
Tales tributos revelan mucho más acerca del magnífico talento de Castro para celebrarse a sí mismo que de sus logros reales. Como escribió Belén Marty para el PanAm Post en el 2015, habiendo visitado Cuba para conocer la realidad del sistema de salud del país, en Cuba se caen físicamente los hospitales. Se cae también
el discurso propagandístico de la élite castrista sobre las bondades del sistema de salud cubano apenas piso los primeros escalones de la guardia de un hospital en el barrio (no turístico) de San Miguel en La Habana.
Marty descubrió un “ambiente (que) bien podría simular un campamento sanitario por la falta de equipamiento médico básico”, donde las camillas son improvisadas, donde “todos los médicos presentes” en la Unidad de Cuidados Intensivos en la noche son en realidad estudiantes, y donde los pacientes deben brindarle al hospital sus propias almohadas, sábanas y hasta medicamentos. Obviamente, los apparatchiks de alto nivel del Partido Comunista, celebridades extranjeras como Hugo Chávez y los turistas dispuestos a pagar por su servicio en dólares reciben un tratamiento del todo diferente. Pero Marty concluyó que, lejos de proveer un servicio de salud de calidad para todos sus ciudadanos, el régimen castrista ha usado el sistema de salud gratuito como una herramienta propagandística.
Un sistema de educación disfuncional
Lo misma aplica al sistema de educación cubano. Si Cuba en efecto tiene “la mejor educación del continente”, como proclama Mujica, uno esperaría que sus universidades sobresalieran a nivel mundial. Ese no es el caso. Como escribe Miguel Sales en el Diario de Cuba,
cualquiera que sea la clasificación internacional consultada (Shanghai, Oxford o CSIC), la mejor institución cubana, la Universidad de La Habana, no figura ni siquiera entre las 1.000 primeras del mundo.  Por ejemplo, en la clasificación más reciente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España (CSIC), la universidad habanera ocupa el puesto 20 en el Caribe, por detrás de instituciones de México, Jamaica y Puerto Rico, y el puesto 1.741 en la clasificación mundial. Es decir, que en el planeta hay 1.740 universidades, algunas de países muy pobres de Asia y África, que superan en calidad al mejor centro cubano de tercer ciclo.
Sin duda alguna, la enseñanza obligatoria de la ideología marxista como si fuese la verdad absoluta conduce— inevitablemente,— al declive académico en muchos campos. Pero este no es el único problema. Según Sales, las deficiencias de la educación superior cubana
no hacen más que resumir y reflejar los males que aquejan al sistema educativo y a la sociedad cubana en su conjunto. En lo esencial, la política educativa del castrismo se ha basado en la extensión y la masificación, a expensas de la calidad. Había que lograr que todo el mundo pudiera leer cuatro consignas y firmar con su nombre, para proclamar a la isla “territorio libre de analfabetismo” y luego librar la “batalla del sexto grado” para otorgar a todos un certificado acreditativo y finalmente tratar de que el mayor número posible de jóvenes ingresara en la universidad para obtener un diploma, sin parar mientes en los resultados académicos ni la vocación de los estudiantes.
La naturaleza disfuncional del mercado laboral cubano sólo logra exacerbar los graves defectos del sistema castrista de educación:
La masificación y la presunta “gratuidad” de los estudios universitarios han terminado por crear varias  generaciones de gente frustrada, adornadas con un título devaluado que les sirve de muy poco, porque por un lado carecen de los conocimientos suficientes para desempeñar una función a la altura del diploma y, por el otro, la estructura socioeconómica del país no puede ofrecerles un empleo acorde con su titulación.
Por eso pululan en las ciudades ingenieros que conducen taxis, exarquitectos que sirven mojitos en los restaurantes o biólogos reconvertidos en guías de turismo, así como una multitud de proletarios y proletarias del sexo que, como dijo Castro I en 1998, “son los más cultos del mundo”.
También hay evidencia de que el triunfo completo de Castro sobre el analfabetismo es otra mentira que propaga el régimen cubano ad nauseam para que los biempensantes de izquierda la difundan a través del planeta:
En 1980, dos decenios después de que el Gobierno castrista declarara que toda la población había sido alfabetizada, llegaron a Cayo Hueso unos 35.000 exiliados procedentes del puerto del Mariel. Las autoridades estadounidenses comprobaron que alrededor del 7% de los “marielitos” eran analfabetos funcionales, es decir, no eran capaces de leer y entender un formulario sencillo y cumplimentarlo.
Votando con los pies
Ninguna parte del sistema fracasado que deja Fidel Castró se construyó pacíficamente, mucho menos de manera democrática. El instituto Cuba Archive presenta las pruebas de 10.500 muertes y desapariciones atribuidas al Estado cubano entre 1959 y enero del 2012, incluyendo 3.615 ejecuciones perpetradas por batallones de fusilamiento durante ese período. Aunque Castro nunca permitió que los cubanos determinaran su propio destino abiertamente en las urnas, miles de ciudadanos sí votaron con sus pies al huir de la isla al tener la primera oportunidad para hacerlo.
Sólo en 1980, cuando Castro permitió que quienes desearan marcharse pudieran salir desde el puerto de Mariel, 125.000 cubanos partieron hacia Estados Unidos, obligando a las autoridades del sur de la Florida a enfrentar una crisis de refugiados sin precedentes. Tanto antes como después del “Éxodo de Mariel”, Estados Unidos se ha beneficiado enormemente de la inmigración cubana impulsada por Castro. Como explica la revista The Economist, fue gracias a la Revolución Cubana que Miami, originalmente “un somnoliento pueblo playero”, se convirtió en “un palpitante emporio regional” construido por cientos de miles de cubanos emprendedores..
El violente legado de Fidel en Latinoamérica
En cuanto al “legado de solidaridad internacional” de Fidel que alaba Corbyn en su considerable ignorancia, la historia real es la de sangrientas matanzas como resultado de las insurrecciones armadas que Castro promovió sin éxito en otros países. Tras su triunfo sobre el sargento Fulgencio Batista, a quien reemplazó como dictador de Cuba, Castro intentó exportar su modelo de revolución violenta a través de América Latina (y eventualmente en África). Como explica el historiador David Bushnell, la meta inicial de Castro fue convertir los Andes en la versión suramericana de la Sierra Maestra, las montañas cubanas donde las guerrillas castristas libraron su lucha contra el ejército de Batista.
En 1965, Castro fue directamente responsable de la creación del Ejército de Liberación Nacional (ELN), una guerrilla terrorista colombiana que seguía las teorías revolucionarias de Ernesto “El Che” Guevara, quien enseñaba que una serie de frentes urbanos comunistas y clandestinos debían apoyarse en “focos” armados en el campo para derrocar gobiernos, así fueran democráticos, e instalar dictaduras como la castrista. Hoy, 51 años después, el ELN, un grupo guerrillero con 2.000 hombres en armas, sigue asesinando y secuestrando a colombianos inocentes. De alguna manera, sin embargo, Corbyn y sus camaradas pueden hablar de la “solidaridad internacional” de Fidel Castro sin sonrojarse.
Sorprendentemente, el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, también decidió ignorar el legado de destrucción de Castro en el país y escribió que “Fidel Castro reconoció al final de sus días que la lucha armada no era el camino. Contribuyó así a poner fin al conflicto colombiano”. Aparte del hecho de que el conflicto colombiano no ha llegado a su fin, Santos fue incapaz de mencionar la responsabilidad directa de Castro por una buena parte de la violencia en Colombia. También expresó su “solidaridad con el pueblo cubano” sin referirse a la terrible opresión a la cual los cubanos han sido sometidos durante 57 años de autocracia castrista.
Hasta el presidente argentino Mauricio Macri decepcionó a muchos de sus simpatizantes al expresar sus condolencias hacia el gobierno cubano sin mencionar el sufrimiento de la ciudadanía sometida.
Mientras tanto, el presidente de Estados Unidos Barack Obama, quien se ganó el antagonismo de gran parte de la comunidad cubano-americana con su política de debilidad frente al régimen castrista, emitió un pusilánime comunicado:
Sabemos que este momento llena a los cubanos, en Cuba y en Estados Unidos, de fuertes emociones al traer recuerdos de las incontables maneras en que Fidel Castro cambió el rumbo de la historia de individuos, de familias y de la nación cubana. La historia recordará y juzgará el impacto enorme de esta figura singular sobre la gente y el mundo a su alrededor.
Aparte del expresidente chileno Sebastián Piñera, quien escribió que “el legado de Fidel Castro fue casi 60 años de pobreza y privaciones para el pueblo cubano y atropellos a las libertades y DDHH en Cuba”, el único líder mundial que condenó de manera inequívoca la fracasada y violenta dictadura de Castro fue Donald Trump.
Esperanza y cambio
En un comunicado especial, el presidente electo de Estados Unidos declaró:
Hoy, el mundo presencia la muerte de un brutal dictador que oprimió a su propio pueblo durante seis décadas.
El legado de Fidel Castro es el de escuadrones de fusilamiento, robo, sufrimiento inimaginable, pobreza y la negación de los derechos humanos fundamentales.
Cuba aún es una isla totalitaria, pero es mi esperanza que hoy tome un rumbo distinto al de los horrores soportados durante demasiado tiempo, y hacia un futuro en el que el maravilloso pueblo cubano por fin pueda vivir en la libertad que tanto se merecen.
Aunque las tragedias, las muertes y el dolor que ha causado Castro no pueden ser borradas, nuestra administración hará todo lo posible para asegurarle al pueblo cubano de que puede iniciar su trayecto hacia la prosperidad y la libertad. Me uno a los muchos cubanos-americanos que me apoyaron tanto en la campaña presidencial, incluyendo a la Brigada de Asalto 2506, con la esperanza de que un día cercano veremos una Cuba libre.
Trump, quien pronto será el líder del mundo libre, ha pronunciado unas palabras claras y alentadoras. Para los ciudadanos de Cuba, Donald Trump realmente representa la esperanza y el cambio.
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