Thursday, November 17, 2016

La mala conducta de los mexicanos




“MÉXICO DEPENDE DEL CARÁCTER Y LA BUENA CONDUCTA DE SUS CIUDADANOS. ALGO QUE TRADUCIDO SERÍA CREENCIAS, ACTITUDES, VALORES, ESQUEMAS MENTALES QUE SI NO SE MODIFICAN, NO HABRÁ CONSTITUCIÓN, SABIAS LEYES, NI GRANDES HOMBRES CAPACES DE MODIFICAR NUESTRO FUTURO.”



“Consigue lo que quieras, o te verás forzado a querer lo que consigues. Donde no hay ventilación, el aire fresco es algo malsano. Donde no hay sabiduría, la ignorancia se convierte en ciencia.”
George Bernard Shaw

RICARDO VALENZUELA
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El término República tuvo un significado especial para los mexicanos que lucharon por la independencia, luego contra el yugo de los imperios y finalmente por tierra y libertad. La forma de gobierno que reclamara Hidalgo en su rebelión y culminara en la Constitución de 1857, era única y muy claramente señalaba los límites de los poderes otorgados al gobierno. Esa Constitución liberal de forma muy precisa expresaba que, el gobierno no debería de interferir para coartar esa energía pacífica y creativa de sus ciudadanos. Ello era al elemento clave y la sangre de la nación que debería catapultar a México para alcanzar sus grandes visiones y convertirlo en la envidia del mundo.




Sin embargo, después de 200 años perdidos en el laberinto de la oscuridad, nos encontramos en estos momentos con que la naturaleza de la república y el estado actual de nuestro gobierno se ubican en el fondo del barril de nuestras prioridades. Pero una muy pequeña minoría ignorada por políticos, dedicamos gran parte de nuestro tiempo en un desinteresado esfuerzo para aportar ideas que puedan de nuevo llegar a configurar un gobierno ungido de libertad y responsabilidad personal, ya olvidadas en nuestro país.
Si comparamos el gobierno actual con el marco descrito por esa constitución liberadora, debería de ser motivo de gran preocupación y profundas reflexiones para quienes piensen con responsabilidad, visión y sentido común, en el futuro del país más allá de sólo la siguiente elección. Los materiales originales que fueron utilizados para elaborar la mezcla del edificio nacional, se han abandonado totalmente y la estructura presenta graves grietas y cimientos arenosos.
Al inicio de nuestra historia era bien entendido el que una sociedad libre es sustentada por dos pilares: libertades civiles y la economía de mercado. Pero de inmediato el concepto fue atacado con el arma del positivismo de Agustín Comte, creando lo que en 1860 Francisco Cosmes bautizó como; la “honorable tiranía.” En el México actual se enfrentan dos grupos: Aquellos que promueven “cierta libertad” económica pero, coartan las libertades personales. En el otro extremo los que vomitan ante la libertad de la economía y, según ellos, abrazan las libertades civiles. Desgraciadamente hay muy pocos mexicanos que defiendan esa libertad en todo su amplio significado.
Así hemos arribado al siglo XXI sin entender con claridad, o sin creer, en esos principios cardinales de la constitución original—la separación de poderes y el federalismo. Renegando de ellos hemos permitido se construya un gobierno omnipotente y centralizado. Órdenes ejecutivas, agencias reguladoras, un sistema judicial corrupto y una separación de poderes que se asemeja a una rabiosa coyotera devorando un indefenso becerro, son ahora las herramientas de navegación de nuestro gobierno, nuestra economía y nuestras vidas.
Hemos tenido un congreso reducido a sirviente del ejecutivo y ahora convertido en una cena de cosacos embriagados con ese vodka de la irresponsabilidad. Por ello, se escuchan las voces de la gente es a través de las encuestas, referéndums o machetazos, permitiendo a los políticos el medir su irresponsable audacia y el aguante de los mexicanos. Este nuevo estilo de mercadotecnia política se contrapone totalmente a los principios fundamentales de la constitución la que, supuestamente debería de proteger los derechos de las minorías de los abusos de las mayorías. Ese voto mayoritario de los influyentes, jamás estuvo considerado en la carta magna como una fórmula de control del resto de la gente.
En las sociedades libres los individuos deben de tener el control total de sus vidas recibiendo los beneficios o los castigos, como consecuencias de sus acciones. Pero cuando el individuo se convierte en una pieza del ajedrez del estado, la sociedad está sentenciada a marchitarse y desaparecer. Esa ha sido la vereda que México ha recorrido durante toda su vida independiente. Sí tenemos una sociedad en la cual la libertad individual es un producto sin valor, esa energía creativa tan urgentemente requerida para propósitos productivos al igual que las flores sin agua se marchita. Los gobiernos no producen absolutamente nada y en sus esfuerzos para redistribuir riqueza, lo único que logran es destruirla.
Es una cómoda comisión el rechazar la libertad cuando se piensa que ese gobierno dadivoso será perdurable. La libertad es rechazada porque debe ir acompañada de responsabilidad y el aceptar esa responsabilidad individual, practicar la ética del trabajo y las reglas de coexistencia pacífica, y en eso  México se ha convertido en tarea desagradable. Es más grande la tentación de aceptar la falacia de que todos nos podemos beneficiar de la benevolencia del estado.
A los amantes de la libertad, la gente nos dice el que es una pérdida de tiempo el tratar de cambiar la dirección del camino recorrido. El que nadie nos escucha puesto que, el desarrollo de ese gobierno centralizado es algo que no se puede revertir. Nos dicen que a las masas sólo les interesa el que se les siga prometiendo el paraíso y las elites son las más ferozmente opuestas a los cambios y así, seguir recibiendo los beneficios del estatismo.
Thomas Jefferson al final de su vida advirtió el que, los logros materiales que aguardaban en el futuro de los EU, serían el canto de las sirenas que podrían provocar los ciudadanos olvidaran sus responsabilidades como sociedad libre. El elemento clave para él, era algo que las leyes no pueden instalar; el “carácter” de la gente. Ese carácter para respetar a otros, sus libertades, sus propiedades. Otro de los grandes, Samuel Adams, también previno a las futuras generaciones cuando se refería a la “buena conducta” como el ingrediente vital para el desarrollo de una sociedad, y afirmaba: “No la mejor constitución ni las leyes más sabias, serán capaces de asegurar la libertad y la felicidad de la gente, cuando esa buena conducta ha sido corrompida.”
Pero carácter y “buena conducta” no son responsabilidad de gobiernos. Son reflejo del material de los pueblos y solo ellos lo pueden modificar. Cuando un gobierno asume el papel de promotor de la virtud, se le abre la puerta a la tiranía. El ingrediente para promover virtud, armonía y hermandad, es ese raro producto llamado libertad. El futuro de México depende de ello, del carácter y la buena conducta de sus ciudadanos. Algo que traducido sería creencias, actitudes, valores, esquemas mentales que si no se modifican, no habrá constitución, sabias leyes, ni grandes hombres capaces de modificar nuestro futuro.
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