Tuesday, November 8, 2016

EL TPP y el mito de China

Por Álvaro Vargas Llosa

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El Trans-Pacific Partnership, ese tratado comercial que abarca al 40 por ciento de la economía mundial y que en español tiene tantas traducciones espantosas que mejor es usar el acrónimo inglés TPP y así nos entendemos todos, interesa mucho a México, Chile y Perú (una injusticia que Colombia se quede afuera). No ha sido posible sacarlo adelante todavía en gran medida porque no lo ha ratificado Washington. En vista de que las dos candidaturas presidenciales estadounidenses importantes se oponen a él, es improbable que sea ratificado por un buen tiempo.


Durante la campaña se han oído muchos ataques al TPP y unas pocas defensas. Todos los argumentos han girado en torno a China. Para los defensores, el mérito es que servirá como instrumento estratégico para “contener” a China. Para los muchos detractores, los signatarios permitirán, una vez que esté ratificado, el ingreso de China “por la puerta atrasera” y eso será una calamidad competitiva para los trabajadores estadounidenses.
Ambos argumentan un absurdo. China ha empleado los años en que se negociaba el TPP para tejer sus redes comerciales y montar una arquitectura institucional para garantizar las relaciones comerciales con muchos de los países que son…¡miembros del TPP! Como muestra un estudio de Truewealth Publishing publicado hace poco tiempo, entre 2006 y 2014, los años de la negociación, la inversión china en países que son parte del TPP creció 350%.
China ya tiene TLCs con nueve de los doce signatarios del tratado transpacífico, desde Australia y Chile (2006) hasta Nueva Zelanda y Singapur (2008), Perú (2009) y los países del sudeste asiático que forman parte de la ASEAN. Para colmo, la ASEAN está finalizando un amplio tratado con seis países con los que ya tienen acuerdos comerciales, incluida China. Por si fuera poco, Xi Jinping impulsa la Iniciativa “Una franja, una Ruta” destinada a fortificar las conexiones entre Asia, Europa y África.
En otras palabras: mientras los políticos discuten si el TPP es un muro contra China o un caballo de Troya de los chinos para acabar con Estados Unidos, Pekín ya ha montado su propio TPP.
Hoy, según el Banco Mundial, el comercio global equivale a 48.4% del PBI mundial, pero los intercambios comerciales de América del Norte sólo ascienden a 24 por ciento del tamaño de la producción de esa zona del globo. Y la culpa no es de Canadá (54 por ciento) o México (68.7 por ciento), sino de Estados Unidos, cuyo comercio sólo equivale a 21 por ciento de su PIB.
Felizmente Estados Unidos tiene doce TLCs con América Latina que sería muy complicado para cualquier Presidente estadounidense deshacer. Porque lo cierto es que el proteccionismo está espesando el aire económico y político que se respira en los grandes centros de poder de Occidente, y Estados Unidos no es el único.
Había una época en que los países desarrollados daban lecciones al resto del mundo sobre cómo alcanzar la prosperidad. Hubo algunos periodos en que esos mismos países traicionaron sus propias recetas -por ejemplo, los años 30 o los años 70-, abandonándose al proteccionismo. Hoy, el desafío para los “emergentes” es resistir el embate de las malas lecciones que los países más prósperos del mundo están repartiendo a diestra y siniestra.
La campaña estadounidense ha sido -además de un circo- un torneo de despropósitos en materia económica, especialmente comercial, con algunas, muy escasas, excepciones. Toca a los países menos prósperos entender que a veces son los de abajo los que tienen que darles lecciones a los de arriba para que la cordura no sucumba en todo el planeta.
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