Wednesday, November 9, 2016

El presidente Trump no reactivará la economía estadounidense

By: Iván Carrino -

Los Estados Unidos siempre se caracterizaron por tener una economía dinámica, empresarial e innovadora, lo que le permitió alcanzar uno de los niveles más altos de vida en el mundo (Flickr).
Los Estados Unidos siempre se caracterizaron por tener una economía dinámica, empresarial e innovadora, lo que le permitió alcanzar uno de los niveles más altos de vida en el mundo (Flickr).
Finalmente, luego de meses de una campaña agotadora y hostil, y contra todos los pronósticos, el candidato republicano Donald Trump se convirtió en el nuevo presidente de los Estados Unidos.
Claramente, el voto refleja una crítica directa al establishment político y muestra la consolidación de los populismos a lo largo y a lo ancho del Primer Mundo. (A pesar de lo que aparentaba en la superficie, Hillary Clinton no era muy distinta.)
Ahora la pregunta es si este excéntrico magnate de los negocios podrá revivir la economía norteamericana.



Los Estados Unidos siempre se caracterizaron por tener una economía dinámica, empresarial e innovadora, lo que le permitió alcanzar uno de los niveles más altos de vida en el mundo. Sin embargo, el exceso de gasto, deuda pública y regulaciones han conseguido reducir el crecimiento de su economía.
Según un estudio del Mercatus Center de la Universidad George Mason, hasta 2014 Barack Obama había impuesto 105.602 nuevas regulaciones a los negocios, convirtiéndose en el presidente más regulador de los últimos 40 años.
Frente a esto, Trump sostiene que desregulará la economía y bajará impuestos, lo que agrada a varios analistas que se reconocen defensores de la economía de mercado. Sin embargo, ahí se acaban las buenas ideas.
En primer lugar, porque una de las propuestas más rimbombantes de su campaña fue la guerra comercial que le declarará a las importaciones, junto a la amenaza de abandonar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte.
Esta propuesta representa una gran contradicción en la plataforma del republicano, ya que no se puede prometer reducir impuestos, al mismo tiempo que se propone subir las tarifas aduaneras, que también son impuestos. Ahora tal vez lo peor de esta medida será el impacto negativo que tendrá sobre la economía.
Con menos importaciones baratas del exterior, los norteamericanos consumidores se empobrecerán. Además, los productores en Norteamérica pasarán a fabricar cosas que antes se importaban, distorsionando la producción y reduciendo la eficiencia. Por último, menos importaciones implican menos insumos a bajo costo, lo que dificultará la producción de las empresas.
En resumen, más proteccionismo es más pobreza y menor crecimiento. No es el camino para “hacer a America grande de nuevo.
El segundo punto se relaciona con lo dicho por Trump en su primer y más moderado discurso presidencial. El neoyorkino afirmó allí que su gobierno llevará adelante un gigantesco plan de infraestructura que “reconstruirá las autopistas, los puentes, los túneles, los aeropuertos, las escuelas y los hospitales”, y que “pondrá a millones de personas a trabajar en esa reconstrucción”.


En resumen, keynesianismo puro y duro. El gobierno gasta y genera empleo para reactivar la economía. Sin embargo, la pregunta es cómo hará para pagar todo ese gasto si al mismo tiempo está prometiendo reducir los impuestos. La respuesta es sencilla, más deuda pública.
Pero como dijimos al principio, la deuda es uno de los motivos que explican el ya lento crecimiento norteamericano. ¿Por qué endeudarse más todavía hará que EE. UU. vuelva a crecer?
Es una buena noticia que el gran país del norte le haya dicho NO al establishment político tradicional y castigue a los demócratas por su mala economía y su corrupción. Sin embargo, lamento informar que si Trump hace todo lo que dice que va a hacer, no contribuirá a solucionar los problemas norteamericanos.
En el mejor de los casos, podremos encontrar consuelo en que la experiencia sirva para demostrar, una vez más, que el populismo no es el camino a seguir. Y que no son los planes de políticos megalómanos los que le hacen bien a las economías, sino los empresarios cuando pueden producir en libertad.
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