Wednesday, November 23, 2016

“Donald Trump no es Hitler, es Alexander Hamilton”




(VDARE)
La ironía aquí está, según el escritor Tom Mullen, en que el elenco del musical Hamilton no se da cuenta de que Trump se parece al personaje que admiran. (VDARE)

Las acusaciones a Donald Trump de fascista y nazi solo han aumentado con la reciente filtración de un video por The Atlantic en el que se ve a un grupo de personas, simpatizantes del magnate, haciendo saludos nazi y referencias al nazismo.
Aunque es un grupo muy pequeño que desde hace años ha existido y al cual el mismo Trump ha impuesto distancia, el video alarmó a la ciudadanía estadounidense.
Por otra parte, cuando el vicepresidente electo, Mike Pence, atendió a una obra del reconocido musical Hamilton en Broadway, fue abucheado. Ahí, en la obra, el mismo elenco del musical le dedicó unas palabras a Pence y le expresaron algunas sugerencias para la administración venidera.

La situación derivó en una fuerte polémica. El presidente electo, Donald Trump, acudió a su cuenta de Twitter para decir que Hamilton no es tan buena como parece, y para exigir una disculpa por parte del elenco.

The cast and producers of Hamilton, which I hear is highly overrated, should immediately apologize to Mike Pence for their terrible behavior
Ahora, tomando en cuenta las acusaciones de nazismo y la polémica de Hamilton, sale a relucir un artículo redactado por el escritor Tom Mullen para la Foundation for Economic Education (FEE).
Primero Mullen relata la situación entre el elenco del musical de Broadway y Mike Pence. Habla de una derecha “ofendida” y una izquierda “melodramática” y, luego, escribe en el texto titulado La ironía que nadie está tomando en cuenta en la controversia Pence-Hamilton: “La única persona que no tiene una opinión fuerte sobre esto es Mike Pence. Él manejó la situación con una gracia particular, encogiéndose de hombros de la muchedumbre con una frase trascendente: ‘Así es como suena la libertad'”.
“Todo esto termina con la suprema ironía que todo el mundo está ignorando en esta polémica exagerada. Aquí tenemos al elenco de un musical que tiene a Alexander Hamilton en una luz de admiración y que está realmente ansioso con un presidente que acaba de ganar una victoria sorprendente, después de llevar a cabo una campaña basada, en gran medida, en las ideas políticas de —aguántense— Alexander Hamilton”, señala Mullen.
Luego, el escritor desarrolla la idea de que “a la izquierda le gusta caracterizar a Trump como el nuevo Hitler”.
No obstante, reconoce Mullen, hay cosas realmente particulares: “Trump apela a la misma clase de cosmovisión nacionalista que inspiró a los partidarios de Hitler. El lema de la campaña de Trump, ‘Make America Great Again’, no es sustancialmente diferente del de Hitler. Tampoco sus argumentos para lo que ha causado la decadencia: políticos corruptos que han venido a la nación, la presencia de elementos subversivos o meramente indeseados (judíos y comunistas para Hitler; inmigrantes ilegales y refugiados musulmanes para Trump) y la inepta política económica de la intervención estatal”.
“Como Hitler, Trump se presenta como la última esperanza para salvar a su país, un líder fuerte que va a dirigir una economía de comando, librará al país de elementos subversivos y restaurará el respeto internacional perdido”, señala el autor de la FEE para luego espetar: “Para Trump, el Gobierno no es el problema, es la solución, siempre y cuando sea dirigido por el líder correcto”.
Todas estas comparaciones, como bien hace Mullen con Hitler, son ciertas. Hay similitudes. Según analistas, también el nacionalismo exacerbado y el populismo durante la campaña son elementos a tomar en cuenta.
Sin embargo, puntualiza el escritor, “hay diferencias importantes”.
“[Donald] Trump no puede ser acusado de compartir las creencias raciales de Hitler. El muro de Trump para mantener afuera a los inmigrantes ilegales de México tendrá una gran puerta en el medio para admitir inmigrantes legales de la misma etnia. Él ha, en varias ocasiones, expresado su respeto y admiración por los chinos, porque ‘todavía se puede respetar a alguien que está acabando contigo'”, señala Mullen.
Además, el redactor apunta las propuestas no-intervencionistas y las posturas militares en Medio Oriente de Trump para sostener su argumento.
“¿Entonces, cómo llamar a Trump si no es fascista?”, se pregunta Mullen para luego indicar que él podría ser un “conservador tradicional americano”.
“El conservadurismo americano siempre fue sobre crear una versión estadounidense del mercantilismo del Imperio Británico y esto no ha cambiado. Y su fundador fue Alexander Hamilton, quien dijo a sus compañeros de Estados Unidos que deberían imitar al Reino Unido lo más que pudiesen”, apunta.
Asimismo, escribe: “Desde el momento en el que se convirtió en el primer secretario del Tesoro, Hamilton abogó por un Gobierno central fuerte que subsidiara a las empresas nacionales para construir carreteras e infraestructura. Cobrar altos aranceles proteccionistas y administrar un banco central. Esta fue la plataforma federalista para la existencia del partido. Una vez que el Partido Federalista murió, Henry Clay y los whigs lo adoptaron. De ahí surgieron Clinton y los republicanos”.
Así, dice Mullen, el Partido Republicano siempre ha sido proteccionista, a pesar de que en el siglo XX adoptó la retórica del libre mercado.
Además, el redactor trae a colación un tuit del editor del National Review, Charles C. W. Cooke, que esboza mejor la ironía que, según Mullen, se está ignorando: “Para que sepan, Alexander Hamilton era un halcón de la inmigración que endosó leyes de alienación y sedición y quiso deportar a los alborotadores”.

For the record, Alexander Hamilton was an immigration hawk who endorsed the Alien and Sedition Acts and wanted to deport troublemakers.

“Trump no es Hitler, él es Hamilton. Aboga por el tipo de Gobierno centralista del que Hamilton hablaba en secreto en la Convención Constitucional y trató de impulsar durante el resto de su vida política, al erosionar los mismos límites al poder del Gobierno federal que había proclamado”, apunta para luego decir: “Trump quiere ser el rey elegido de Hamilton, dirigiendo una economía mercantilista y capitalista, tal como Hamilton previó”.
“Hasta el slogan de la campaña de Trump era hamiltoniano. Hamilton decía que el objetivo político era ‘la grandeza nacional'”, espeta Tom Mullen.
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