Thursday, October 13, 2016

Trump vs Clinton: trampas debatiendo contra mentiras

Javier Fernández Lasquetty señala que el debate entre Hillary Clinton y Donald Trump careció de contenido de ideas, girando en torno a ataques personales.

Javier Fernández-Lasquetty es vicerrector de la Universidad Francisco Marroquín.
Al ver el debate del domingo entre Hillary Clinton y Donald Trump no pude evitar recordar la frase que Chateaubriand escribió a principios del siglo XIX en sus Memorias de Ultratumba. La imagen de los dos políticos más perversos de aquella época —Talleyrand y Fouché—, agarrados por el brazo, le evocaba al escritor francés la imagen de "el vicio apoyado en el brazo del crimen". En este caso no se apoyaron uno a otro. En realidad ni siquiera se dieron la mano antes de comenzar el debate. Pero ver juntos sobre el escenario a esos dos candidatos añosos, rancios y cada vez más parecidos a sus propias caricaturas, produce una sensación descorazonadora. Clinton debatiendo con Trump es asistir al espectáculo de un mentiroso discutiendo con una tramposa, o si lo prefieren un tramposo compitiendo con una mentirosa. Gane el que gane, pierde América y pierde el mundo.



El debate careció de cualquier contenido de ideas. Uno y otra competían por excitar el resentimiento y los peores instintos de los votantes. Se habló de los comentarios impresentables sobre las mujeres grabados años atrás a Donald Trump, que él trataba de minimizar como "charla de vestuario". Se hablaba de las mentiras de Hillary Clinton en relación con los miles de correos enviados y recibidos por ella de manera que deliberadamente eludieran el modo establecido en la ley. Trump, paseando por el set televisivo con aspecto siniestro, proclamó su intención de encarcelar a su oponente si gana las elecciones.
Son las elecciones norteamericanas más penosas que recuerdo. Hasta Nixon o Johnson, dos tipos nefastos en la historia norteamericana, tenían más grandeza que Trump y Clinton. ¿Dónde está el entusiasmo por la libertad de un Ronald Reagan? ¿Dónde está el conservadurismo con visión del lugar de Estados Unidos en el mundo de un Bush? ¿Dónde está el aire nuevo de un demócrata inteligente que hacía suyo el legado de Reagan de un Bill Clinton? No hay nada de eso esta vez. No hay ideas. No hay en ninguno de los dos partidos una propuesta consistente para la sociedad norteamericana.
Ha triunfado la antipolítica, y en su triunfo vemos el rostro siniestro del rencor como posición política. Todo el esfuerzo de muchos medios y de muchos espacios académicos ha estado dirigido en las últimas décadas a demonizar las ideas del liberalismo clásico, y a culpar a la economía de libre mercado de los males de la gente. Ahí tenemos los resultados: a la derecha un candidato inaceptable que se acerca a los votantes diciéndoles que la culpa de sus males la tienen los inmigrantes latinoamericanos; y a la izquierda una candidata irrecuperable que alimenta el discurso falso de la desigualdad, como medio para sacar partido del resentimiento.
No es extraño que Gary Johnson, el candidato del pequeño Partido Libertario (lo que en Europa llamaríamos liberal) ande cerca del 10% de los votos. Según las encuestas que reúne diariamente RealClear Politics, Hillary Clinton le lleva entre 5 y 14 puntos de ventaja a Donald Trump. Imaginar una presidencia de Clinton es pensar en una etapa aún más divisiva y aún más errática que la de Barack Obama. Y aun así confieso que lo prefiero a que llegue a la presidencia un individuo como Donald Trump. Los dos son antiliberales y contrarios al libre mercado, pero ella por lo menos no va disfrazada de capitalismo
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