Wednesday, October 26, 2016

Sistema electoral y partidocracia

Víctor Pavón dice que el sistema electoral proporcional conduce inevitablemente a listas de candidatos cerradas o semi cerradas, disminuyendo así la representatividad del sistema electoral.
Víctor Pavón es Gerente Ejecutivo de la Asociación Paraguaya de Universidades Privadas- APUP y autor de los libros Gobierno, justicia y libre mercado y Cartas sobre el liberalismo.
El mejor sistema electoral es aquel que representa fielmente a los ciudadanos y cuando esto no sucede su consecuencia más notoria es la partidocracia, expresión que etimológicamente significa el gobierno de los partidos políticos.
La ausencia de una genuina representación repercute sobre la credibilidad de los políticos y finalmente sobre el mismo gobierno de la democracia constitucional. No debería extrañarnos el significativo desencanto de los jóvenes porque ellos prefieren una política más abierta, más representativa y menos vulnerable a la corrupción.



El modelo electoral con el que contamos en el país se fundamenta en el sistema proporcional, doctrina que lleva inexorablemente a las listas cerradas o semi cerradas, lo que en esencia es la misma cosa. Este sistema electoral es tan dañino que los paraguayos aprendimos de algún modo a evadirlo mediante candidatos out siders, los que vienen de afuera de los partidos políticos.
Por supuesto, el hecho que sean out siders no garantiza la calidad del candidato; pero es una muestra de que cuando algo está enfermo, el cuerpo reacciona de algún modo u otro. Es lo que ocurrió con Wasmosy, igualmente con Lino Oviedo, luego Lugo y finalmente con Cartes. Los cuatro no surgieron del interior de las nucleaciones políticas; no hicieron la conscripción o vida partidaria que los promotores del actual sistema consideran obligatoria y prefieren mantener.
Más allá de nuestras simpatías personales, las candidaturas de aquellos cuatro fueron la consecuencia del hastío de la gente por no seguir con lo mismo de siempre. Un sistema que trata de premiar la lealtad partidaria sin importar qué se dice y se propone en beneficio del país, sino más bien si qué se hace en beneficio de los clanes partidarios no puede más que provocar desaliento y efectos dañinos.
En el interior de los partidos políticos se conforman de ese modo los clanes enlazados por la lealtad al grupo dominante. La “rosca” —como se dice— se vuelve impermeable a la crítica y sobre todo desatiende lo que el individuo como miembro de la sociedad desea. La partidocracia es como una burbuja, tiende a alejarse de aquello que podría reventarla, es por eso que sus adherentes prefieren a los leales antes que a los críticos.
Las organizaciones políticas tienden hacia la mediocridad en función de intereses cortoplacistas que finalmente no aportan en favor de ideas y políticas para consolidar el Estado de Derecho, por cuanto que se prefiere mantener el statu quo para consolidar el estado de injusticia.
Los partidos políticos, como en efecto se puede constatar, se han vuelto verdaderas maquinarias electorales preparadas para cada acto comicial. Pero hasta ahí. De los temas de alta relevancia pública, no hay mucho que esperar. El ejemplo es la inseguridad. Ni el Partido Colorado, ni el Radical Auténtico ni el Frente Guazú, ofrecen propuestas concretas sobre este flagelo que azota al ciudadano a diario y a toda hora.
El mal de la partidocracia afortunadamente tiene un antídoto y si bien las listas abiertas son un avance, sin embargo, no será suficiente para lograr una genuina representación, como un enlace entre el elector y el electo. El antídoto está en promover candidatos por circunscripciones, esto es por distrito electoral, uno o dos, de acuerdo al número de habitantes.
Lo importante en un sistema electoral es la fiel representación de manera a que el poder retorne al ciudadano, situación que hoy no ocurre porque ha sido secuestrado por la doctrina proporcional de las listas cerradas.
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