Tuesday, October 4, 2016

Regresa la antieconomía

Manuel Suárez-Mier considera que han vuelto a dominar propuestas de política económica que anteriormente han derivado en crisis financieras.
Manuel Suárez-Mier es Profesor de Economía de American University en Washington, DC.
Cada vez es más frecuente oír propuestas de política económica que significan el regreso a recetas fallidas del pasado que llevaron a apagar el crecimiento de los países que las aplicaron y culminaron en crisis financieras, devaluaciones de la moneda y en arruinar a la población.
Este retorno a fórmulas fracasadas se da en varios ámbitos de la economía:



  • Elevar el salario mínimo por decreto con la tesis que ha habido un deterioro en su poder adquisitivo. El problema es que el incremento del salario real que no está respaldado por aumentos en la productividad del trabajo sólo lleva a un menor empleo en el sector formal de la economía, pues es obvio que no se aplica en su segmento informal, que emplea a más del 50% de la población económica activa.
  • Asegurar un ingreso mínimo universal (IMU) sin reparar en la circunstancia de los ciudadanos. Ésta ha sido una propuesta recurrente de populistas que no analiza el incentivo negativo a buscar empleo que conlleva y el alto costo fiscal que implica, que se estima en 20% del PIB para ofrecer un ingreso digno, más de lo que se recauda en México con todos los impuestos. Además, el IMU remplazaría toda la red de cobertura de seguridad social y subsidios a la población que existe, algo inaceptable para millones de derecho-habientes.
  • Combatir la inflación ya no es la prioridad de los bancos centrales, lo que había sido su principal, cuando no su único objetivo fijando metas inflacionarias, que en el caso del Banco de México son de 3%+/-1% y del Fed de 2%. Ahora resulta que hasta el FMI promueve elevar el nivel objetivo de la inflación, y remplazarlo con el crecimiento nominal del PIB, es decir su crecimiento real más la tasa de inflación. Ello significa que si la inflación fuera de 0%, la economía creciera al 1% y la meta fijada por el Fed para el crecimiento nominal del PIB fuera 5%, habría una brecha de 4% que justificaría expandir el crédito por cualquier medio posible hasta elevar la inflación a 4%. Tal política llevaría invariablemente a nuevas burbujas en el precio de los activos y renovadas crisis.
  • La autonomía de los bancos centrales debe abolirse pues con tasas de interés de cero o negativas, como ahora, su misión es comprar los instrumentos de deuda que emitan los gobiernos y las empresas. Esta receta refuerza la conclusión del párrafo anterior y de adoptarse llevaría a la debacle financiera.
  • Mayor gasto público deficitario para estimular economías con un crecimiento mediocre —EE.UU. y México— o inexistente —la mayor parte de la Unión Europea y Japón. El conflicto con esta receta es que no funciona, como lo hemos visto con los fallidos 26 “paquetes de estímulo” macroeconómico combinando mayor gasto deficitario y expansión monetaria, adoptados en Japón desde el colapso en su mercado de bienes raíces, que dio inicio al tenaz estancamiento que sufre ese país desde 1990.
  • Adoptar una renovada política industrial, cuya más reciente aparición fue el sorpresivo anuncio de la Primer Ministro británica Teresa May que asumiría una vigorosa política industrial, que se traduce en que el gobierno y no el mercado decidan el éxito de sectores económicos con tarifas a importaciones, exenciones de impuestos y subsidios. Es paradójico que la segunda mujer del Partido Conservador que preside el gobierno de su país tenga el propósito de derruir el exitoso legado de su predecesora Margaret Thatcher.
  • Cerrar la economía para proteger empleos en el sector manufacturero, como lo proponen los principales candidatos a la presidencia de EE.U. Claramente no se dan cuenta del daño terrible que causarían a su país y a la economía global con su promesa de cancelar o revisar acuerdos comerciales para “que beneficien a los trabajadores de EE.UU.”
Las siete propuestas antieconómicas elegidas en este texto, son sólo algunas de las descabelladas ideas que han ganado terreno y que discutiremos en futuras columnas.
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