Monday, October 3, 2016

Quijotes combatiendo molinos de viento

Alfredo Bullard sostiene que los reguladores de supuestos monopolios naturales socavan la competencia, retardando la innovación y las mejoras en los productos y servicios al consumidor.

Alfredo Bullard es un reconocido arbitrador latinoamericano y autor de Derecho y economía: El análisis económico de las instituciones legales. Bullard es socio del estudio Bullard Falla y Ezcurra Abogados.
“La regulación existe para protegernos de que no hay mercado”, dijo una vez un regulador. ¿No será al revés? ¿No será que no tenemos mercados porque hay regulación?
Una de las excusas para regular es la de los monopolios naturales. Se dice que en ciertos mercados los costos de ofrecer un bien o servicio son demasiado altos para que haya competencia. Ejemplo: la telefonía fija. Para instalar un teléfono y comunicarlo con otros hay que tender una red de postes y cables. Es muy caro. Por eso es mejor que haya uno solo. Es, naturalmente, un monopolio. Entonces hay que regular al operador para que no cobre tarifas superiores a las que habría en un mercado competitivo.



Pero, en realidad, el monopolio natural es un mito que se usa para retrasar la aparición de competencia. Desempolvé un artículo de José Juan Haro que recopila data interesante. En 1905 (no existían reguladores) había por lo menos dos servicios telefónicos en ciudades importantes como Baltimore, Chicago, Cleveland, Columbus, Detroit, Kansas City, Minneapolis, Philadelphia, Pittsburg y St. Louis. Y es que, al inicio del siglo XX, existían más de 3.000 compañías telefónicas en EE.UU. En 1907 ya los competidores de AT&T, la empresa más importante gracias a las patentes de Graham Bell, habían capturado el 51% del mercado, generando una reducción dramática de los precios.
¿Qué pasó entonces? Se inventó la regulación. AT&T se alió con el Congreso para crear regulaciones que encarecieran la entrada y restringieran su competencia.
Pero allí no acaba la historia. Si el (supuesto) monopolio natural existiera en los teléfonos, ¿cómo resolver el problema de la inversión en redes de cables? La respuesta es obvia: inventar teléfonos sin cables. Hoy los llamamos celulares.
Pero si usted regula las tarifas de la telefonía fija, entonces sus márgenes de ganancia serán menores. Inventar teléfonos sin cables exige tiempo y dinero. Si el premio de inventarlos es menor, la inversión en crearlos será también menor. Tomará más tiempo. Mientras tanto, habrá menos competencia y, paradójicamente, precios más altos.
La relación entre innovación y competencia es evidente. Uber es producto de una innovación tecnológica y empresarial notable. En el Perú ya existen cinco o seis servicios similares. Como la regulación de acceso existe pero no funciona, se ha creado un espacio donde la innovación nos ha traído rápidamente servicios muy económicos, más seguros, cómodos y de mayor calidad. Pero en muchos países la regulación ha retrasado su entrada. Y en donde la lucha por entrar ha sido dura, solo existe Uber (o no existe ninguno) y no han aparecido servicios alternativos similares. Esa regulación ha limitado la competencia.
La regulación es fatal para que la innovación favorezca a los consumidores, precisamente el efecto que el discurso regulador propugna.
En primer lugar, en su esfuerzo de reducir los márgenes de las empresas por la vía de controlar tarifas, los reguladores reducen los premios que incentivan la entrada de competidores. No es ningún secreto que sin la regulación tarifaria de la telefonía fija la telefonía celular habría aparecido bastante más temprano.
En segundo lugar, las regulaciones —en especial las de calidad— estandarizan los bienes y servicios y al hacerlo eliminan los incentivos para crear productos distintos. Si el servicio de taxis se llena de estándares (desde el color, tamaño, forma de llamarlo, etc) un innovador como Uber corre el riesgo de que sus servicios no se ajusten a esos estándares.
Finalmente, la fuerza innovadora de las empresas tiene que distraerse para minimizar los efectos perniciosos de la regulación, dejando de producir nuevas ideas dedicadas a mejorar el bienestar de los consumidores. Crear un nuevo plan de telefonía que beneficie a los consumidores se enfrenta al laberinto de adivinar qué hará el regulador con el mismo y si no lo considerará injusto o engañoso.
Pero los reguladores ignoran eso (en realidad ignoran muchas cosas). Una vez fui a una ceremonia de celebración por el aniversario de Osiptel que preparó un ‘sketch’ en el que el regulador era encarnado por un Quijote que luchaba con gigantes. Pero los gigantes eran solo molinos de viento. No se daban cuenta que ellos mismos creaban el monstruo que combatían.
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