Thursday, October 13, 2016

Otra vez el seguro de desempleo

Iván Alonso dice que el seguro de desempleo implica un subsidio cruzado masivo, mediante el cual los mayores pagan por los más jóvenes.

Iván Alonso obtuvo su PhD. en Economía de la Universidad de California en Los Ángeles y es miembro de la Mont Pelerin Society.
Está en evaluación, según anuncia el Gobierno, la creación del seguro de desempleo, que fue propuesta durante la campaña electoral y que desde esta columna hemos ya criticado. Aunque se dice que no necesariamente reemplazaría a la compensación por tiempo de servicios (CTS), nadie en su sano juicio quisiera tener (y pagar) ambas cosas. Hay que verlos como dos sistemas alternativos. ¿Cómo se comparan en costo y cobertura?



Hasta donde sabemos, el seguro de desempleo cubriría el 80% del último sueldo durante un periodo de tres a seis meses. Eso es prácticamente lo mismo que la CTS en el caso de una persona que haya acumulado el equivalente a cuatro remuneraciones, que alcanzan para reemplazar el 80% del último sueldo durante cinco meses. (Por encima de cuatro remuneraciones, la CTS se vuelve de libre disponibilidad.) En cualquiera de los dos casos, la mayoría de la gente estaría adecuadamente cubierta porque, en el Perú de hoy, una persona que pierde su trabajo encuentra uno nuevo en un lapso de tres a cuatro meses.
El que no estaría cubierto de la misma manera es aquel que no haya acumulado cuatro remuneraciones en su cuenta CTS. Pero eso, bien mirado, es una ventaja del sistema actual. Es un incentivo para que la gente cuide su trabajo; y un desincentivo para saltar de un trabajo a otro, esperando vivir en el ínterin del seguro. Los que pasan más tiempo entre un trabajo y otro tienen, a la larga, menor cobertura, que es como debe ser. Es lo que los americanos llaman experience rating. Un seguro de desempleo tendría también que limitar de alguna manera los beneficios para esas personas; pero probablemente nadie quiera asumir el costo político de introducir esa limitación.
Por otra parte, parecería que el seguro de desempleo solamente pagaría beneficios a los que son despedidos; no a los que renuncian. Una desventaja frente a la CTS porque el retiro de ésta no depende de quién haya puesto fin a la relación laboral. Volveríamos a la época en la que el trabajador, antes que renunciar, prefiere hacer todo lo posible y lo imposible para ser despedido. Algo que ciertamente no contribuye al buen funcionamiento del mercado laboral.
¿Qué hay del costo? El Gobierno estima que el seguro de desempleo costaría entre 2,2% y 3,5% de la remuneración del trabajador. Frente a esto, la CTS parece —sólo parece— ser más cara: un sueldo al año de los quince que recibe el trabajador (contando las dos gratificaciones y la propia CTS) equivale al 6,7% de la remuneración. Pero esa comparación es inválida porque el seguro de desempleo se pagaría a lo largo de toda la vida laboral, mientras que la CTS se paga solamente durante cuatro años —después de eso, los aportes son de libre disponibilidad— más lo que haya que reponer si es que se ha consumido parte de lo acumulado. Medidos los costos de ambos sistemas en proporción a los lifetime earnings, los ingresos de toda una vida, la CTS probablemente sea más barata.
Por lo demás, el seguro de desempleo esconde un subsidio cruzado masivo, en el que los mayores pagan por los jóvenes. En todas partes del mundo las tasas de desempleo juvenil son más altas que el promedio. Muchos no tienen presión para generar ingresos; viven en casa de los padres; no tienen una familia que mantener. Pueden experimentar con un trabajo, y si no les gusta, dejarlo y buscar otro con calma
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