Wednesday, October 5, 2016

Los verdaderos enemigos del libre comercio

Walter E. Williams es profesor de economía en la Universidad George Mason y académico asociado del Cato Institute.
 Image result for enemigos del libre comercio
Hay grupos que exigen “el comercio justo” en vez del comercio libre. Otros exigen “un campo de juego nivelado”. Otros despliegan la bandera y exigen preferencias para los productos nacionales y la imposición de barreras a las importaciones. Los enemigos para ellos son las empresas multinacionales que buscan ampliar sus mercados importando productos manufacturados con mano de obra barata y mudando sus fábricas a países pobres. Acusan a esas empresas de la pérdida de puestos de trabajo en las industrias y de nuestros problemas económicos actuales. Los argumentos que utilizan tienen un gran atractivo emocional, pero se equivocan al identificar a “los malos”. Veamos por qué.



Supongamos que la Compañía A, fabricante de camisas, cierra su fábrica aquí y la sustituye con una nueva fábrica en la India, para así pagar sueldos más bajos a sus obreros. EEUU es la tierra de la gente libre y nada le prohíbe a un grupo de inversionistas y obreros estadounidenses establecer la Compañía B para fabricar y vender camisas en EEUU. Esa misma oportunidad existe para todos aquellos productos que antes se fabricaban aquí y que ahora son hechos en el exterior.
Usted, entonces, pregunta ¿cómo va a poder competir la Compañía B con la Compañía A que tiene costos inferiores? Es una buena pregunta, pero nada tiene que ver con el derecho de inversionistas y trabajadores de fundar una nueva empresa para fabricar camisas en EEUU. La contestación a la pregunta es que la Compañía B sobrevivirá y prosperará si los consumidores prefieren comprar sus camisas, en lugar de las fabricadas en la India por la Compañía A.
El problema, claro está, es que la Compañía A podrá vender más barato y, entonces, confrontamos el problema que los consumidores prefieren pagar menos que pagar más.
¿Qué se puede hacer? La Compañía B puede tratar de cambiar la preferencia de los consumidores por productos más baratos, pero esa estrategia seguramente fracasará. No hay vuelta de ojo, el verdadero enemigo de la Compañía B no es la Compañía A sino el consumidor que prefiere precios bajos.
Lo más probable, entonces, es que la Compañía B y sus trabajadores acudan al gobierno para que se restrinja la libertad de elegir del consumidor. Pero hay que hacerlo cuidadosamente. No se le puede pedir al presidente Bush y al Congreso que haga ilegal la compra de las camisas fabricadas por la Compañía A. Hay que mostrar patriotismo y abnegación explicando la amenaza para el país: ¿qué pasaría si tenemos una guerra y no tenemos camisas para nuestros soldados? No hay que hablar de comercio libre sino de comercio “justo” y de campos de juego nivelados.
Existe otra estrategia efectiva. Supongamos que la Compañía B cubre todos sus costos vendiendo las camisas a 20 dólares, mientras que la Empresa A lo logra con un precio de venta de 15 dólares. La Empresa B entonces acude al Congreso para que promulgue una ley en defensa de la industria nacional dando un subsidio de 5 dólares a los fabricantes nacionales de camisas, los cuales entonces podrán competir con las camisas importadas.
Pero eso puede ser políticamente difícil por ser demasiado obvio y el Congreso preferirá imponer un arancel de 5 dólares a las camisas importadas, favoreciendo a la Compañía B. Entonces, la Compañía A tendrá que cobrar 20 dólares también por sus camisas. Así se logra un “campo de juego nivelado”, el gobierno recauda más impuestos y nadie se da cuenta de la trampa.
Post a Comment