Thursday, October 13, 2016

Los reformadores rápidos, el crecimiento y las instituciones

Marian L. Tupy señala que las reformas rápidas en los países ex-comunistas derivaron en ingresos más altos y una mayor libertad política.

Marian L. Tupy es analista de políticas públicas del Centro para la Libertad y la Prosperidad Global del Cato Institute y editor del sitio Web www.humanprogress.org.
Recientemente publiqué, junto con dos coautores que incluyen al ex viceministro de finanzas de Ucrania Oleh Havrylyshyn, un estudio sobre reformas económicas en países ex-comunistas desde la caída del Muro de Berlín. Como explicamos, la transición del socialismo al capitalismo dividió a aquellos que estaban a favor de reformas económicas rápidas de aquellos que estaban a favor de una estrategia más gradual.
La evidencia empírica derivada de 25 años de reformas, y sus resultados económicos y políticos, nos han permitido poner a prueba la validez de esos dos enfoques. Como mostramos, los que realizaron reformas extensivas temprano y rápido superaron con creces el desempeño de los que realizaron reformas de forma gradual tanto en indicadores económicos como PIB per cápita como en indicadores sociales como el Índice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas (IDH), y en indicadores institucionales, como aquellos que miden la democracia y el Estado de Derecho.



Luego de la caída del Muro de Berlín, un argumento clave a favor de la estrategia gradual de reformar era que las reformas rápidas causarían un gran costo social. En realidad, los reformadores rápidos experimentaron recesiones más cortas y se recuperaron mucho antes que los reformadores graduales. Como muestra el gráfico 1, el crecimiento del PIB per cápita entre los reformadores rápidos, como aquellos en Europa Central y los estados bálticos, fue mucho más rápido que el de aquellos países que optaron por las reformas graduales. Este último grupo de países incluía a la mayoría de países que ex-comunistas que no eran bálticos.
Los reformadores rápidos también recibieron mucha más inversión extranjera directa, la cual ha estimulado su crecimiento y empleo. Es importante que los reformadores rápidos también terminaron con niveles más bajos de desigualdad de ingresos y con tasas de pobreza más bajas. De hecho, el IDH de la ONU, que es una medición mucho más amplia del bienestar humano, nos señala la misma conclusión: los costos sociales de la transición en los países que reformaron rápido fueron más bajos que aquellos experimentados en los otros países ex-comunistas.
Gráfico 1: PIB per cápita por grupo de países, 1990-2013 (en $ de 2011 ajustados para la paridad del poder adquisitivo - PPP)

(Nota: EC = Europa Central, ESE = Europa del Sureste, ECRG = Ex-comunistas reformadores graduales, ECRR = Ex-comunistas reformadores rápidos)
Además, los partidarios del gradualismo argumentaron que la reforma institucional, como el desarrollo del Estado de Derecho, debería anteceder la liberalización del mercado. Un sistema legal más fuerte, argumentaron, aumentaría la efectividad de las reformas económicas.
En un sentido estricto, es imposible refutar este argumento, dado que ningún país poscomunista siguió ese orden de las cosas. En todos los países ex-comunistas, el desarrollo institucional estuvo considerablemente por detrás de las reformas económicas. Esperar al desarrollo institucional antes de implementar las reformas económicas, por lo tanto, fácilmente podría haberse convertido en una prescripción para no realizar reforma alguna.
Sin embargo, luego de 25 años, los reformadores rápidos acabaron teniendo mejores instituciones que los reformadores graduales. De hecho, el progreso más rápido en instituciones fue experimentado precisamente por los mismos países que realizaron una liberalización económica rápida (ver gráfico 2). Este resultado es consistente con la hipótesis de que las élites políticas que estaban comprometidas con la liberalización económica también estaban comprometidas con el desarrollo institucional.
Asimismo, las élites políticas, que abogaban por reformas graduales, muchas veces lo hicieron para extraer la cantidad mayor posible de rentas de la economía. Una consecuencia extrema de este gradualismo fue la formación de clases oligárquicas. Por supuesto que capitalistas ricos han surgido en todas las economías en transición, pero su concentración y grado de influencia política parece ser mucho más alto en países que reformaron lentamente, en particular en las economías grandes de la otrora Unión Soviética.
Gráfico 2: Indicador del Estado de Derecho del Banco Mundial por grupo de países, 1996-2010

Además, las tendencias que fueron establecidas poco después de al caída del Muro de Berlín se mantuvieron sólidamente a lo largo de los últimos 25 años. Los reformadores tempranos todavía lideran, y gran parte de los rezagados todavía están retrasados. Salirse del molde gradualista no es fácil, aunque eso es precisamente lo que algunas personas trataron de lograr mediante las “revoluciones de color”. Algunas de estas revoluciones inicialmente tuvieron éxito —al menos en el sentido de que derrocaron a los gobiernos existentes en Serbia (2000), en Georgia (2003), en Ucrania (2004) y en la República de Kirguizistán (2005).
No obstante, solamente en Georgia condujo la revolución de color a cambios reales en la dirección económica del país. En Ucrania, el ejemplo más reciente de una revolución de color exitosa, las reformas económicas y políticas continúan siendo precarias en el mejor de los casos.
Mientras que la transición en gran medida se acabó en los países ex-comunistas más avanzados, las reformas legales y regulatorias siguen incompletas. Las lecciones de los países más avanzados no son tan complicadas. Los países necesitan asegurar la estabilidad financiera y continuar desregulando y simplificando sus regulaciones para poder eliminar la corrupción y la búsqueda de rentas.
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