Monday, October 17, 2016

El día que la banca estadounidense casi muere

Por Alejandro Alle

 
Parafraseando la canción "American Pie", que con referencia a la muerte en febrero de 1959 del precoz rockero Buddy Holly dice "the day the music died", el Financial Times publicó el viernes pasado en su página web un video en el cual su editor de finanzas menciona al 27 de febrero como "el día que el sistema bancario estadounidense casi muere".
El "casi" es porque aunque no fue una nacionalización total, lo que el gobierno estadounidense hizo fue una importante toma de posesión del Citigroup, una de las instituciones financieras más grandes del mundo. 


De hecho, el gobierno se quedó con alrededor del 36% de participación accionaria, con lo cual se transformó por lejos en el mayor accionista del banco.
Y por más que ejecutivos y directores del Citigroup digan que nada cambiará y que las operaciones del día a día seguirán su curso normal, los cambios ya han comenzado: en su carácter de mayor accionista, y habiendo puesto en juego dinero de los contribuyentes, el gobierno exigió el reemplazo de antiguos directores por otros nuevos e independientes.
Extrañamente, o quizás no tanto…, en cuestión de pocas semanas lo que era un tema tabú pasó a ser una alternativa políticamente viable: la nacionalización temporal de algunas instituciones financieras, que ocurrió al haber quedado en evidencia que "arrojarles dinero" selectivamente (a AIG sí, a otras no…) distaba de resolver el problema de confianza, que es el que verdaderamente azota a los Estados Unidos. Y al mundo.
La iliquidez no se combate "arrojando dinero", pues mientras persista la desconfianza el dinero quedará entrampado en los sistamas financieros. Tal como ocurre actualmente.
Por supuesto que muchos querrán mostrar a esta parcial y temporal nacionalización como un "evidente fracaso del capitalismo" (cosa que harán escribiendo sus diatribas en modernas notebooks, para luego enviarlas por la Internet, claro…), enarbolando ¿ingenuamente? las banderas del estatismo que tanto daño ha hecho en América Latina.
Se trata de personajes que encuadrarían perfectamente en esa "mezcla milagrosa/ de sabiondos y suicidas", a la que se refiere el tango "Cafetín de Buenos Aires".
La realidad es que tal como acertadamente indicó el presidente Obama en su discurso de la semana pasada ante el Congreso estadounidense, salvar al sistema financiero del colapso es una acción que puede, y debe, ser enfocada a preservar la propiedad y los empleos de los más pobres. No de los más ricos.
El sistema financiero es a la economía lo que la sangre es al cuerpo humano: las primeras células en morir ante un colapso del sistema sanguíneo son siempre las más débiles. No las más fuertes.
Por el contrario, la política de "arrojarles dinero" a las instituciones financieras, promovida por el anterior secretario del Tesoro Hank Paulson, beneficiaba a los más ricos: los accionistas de los bancos.
Sobre el tema caben dos reflexiones finales:
a) Haber autorizado la fusión de "bancos zombies", como denomina el economista Nouriel Roubini a las instituciones insolventes, fue como pretender que dos borrachos pudieran ayudarse el uno al otro.
Las tomas del Bear Stearns y del Washington Mutual por parte del JP Morgan Chase, las del Countrywide y de Merrill Lynch por parte del Bank of America, y la del Wachovia por parte de Wells Fargo fueron exactamente eso.
El verdadero objetivo de dos instituciones gravemente heridas, Citi y Wells Fargo, cuando pujaron por la compra del Wachovia era obviamente transformarse en "aún más grandes", para asegurarse que la política del "too big to fail" (demasiado grande para fallar), les facilitaría un rescate "a la Paulson". Ingenuos abstenerse.
b) Aunque los "sabiondos y suicidas" no quieran recordarlo…, las principales semillas de esta crisis fueron la baja artificial de las tasas de interés dictada por la Reserva Federal, y la presión del Congreso estadounidense para que los gigantes hipotecarios impulsados por el gobierno, Fannie Mae y Freddie Mac, provocasen la generación de hipotecas subprime. Un evidente fracaso del estatismo.
Hasta la próxima.
El autor es Ingeniero, Máster en Economía (ESEADE, Buenos Aires) y columnista de El Diario de Hoy.
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