Friday, October 7, 2016

Déjà vu: los reiterados errores de cálculo de los dirigentes latinoamericanos con Uribe

– Claudia Peiró

La postal de un Álvaro Uribe vencedor en el plebiscito del pasado domingo contra todo pronóstico y contra la opinión pública regional e internacional tiene algo de escena repetida
Álvaro Uribe y una exitosa campaña contra las condiciones del acuerdo de paz
Álvaro Uribe y una exitosa campaña contra las condiciones del acuerdo de paz
Durante sus dos mandatos presidenciales (2002-2010), Uribe remó casi solo contra la corriente bolivariana que arrasaba buena parte del continente, y contra la incomprensión de la mayoría de sus pares latinoamericanos respecto de lo que estaba en juego en Colombia.
Benévolos, por acción u omisión, hacia el accionar de una guerrilla que desafiaba la autoridad del Estado colombiano y la legitimidad de su gobierno -constitucional y democrático-, muchos mandatarios latinoamericanos eran en cambio severos críticos hacia la forma en la cual la administración de Uribe lidiaba con ese conflicto.
Era tal la animadversión, que hubo en ese período dos Cumbres latinoamericanas al máximo nivel con el solo fin de interpelar al entonces presidente colombiano: una en República Dominicana, luego del bombardeo de un campamento de las FARC en territorio ecuatoriano, otra, en la Argentina, por la posible instalación de bases estadounidenses en Colombia.
República Dominicana (2008): Álvaro Uribe y Hugo Chávez reconciliados ante la mirada del presidente anfitrión, Lionel Rodríguez
República Dominicana (2008): Álvaro Uribe y Hugo Chávez reconciliados ante la mirada del presidente anfitrión, Lionel Rodríguez
Ahora bien, Uribe no sólo salió airoso de ambas, sino que en otras ocasiones humilló -involuntariamente- a sus pares latinoamericanos.
Una de ella involucró a las máximas autoridades argentinas. Vale la pena recordar cómo se concatenaron los hechos.


Apenas asumió la presidencia por primera vez, Cristina Kirchner abrazó, sin demasiado asesoramiento en el tema, la causa de la liberación de Ingrid Betancourt, una ex senadora y ex candidata a presidente colombiana secuestrada por las FARC en el año 2002, poco antes de que Uribe iniciara su primer mandato..
La iniciativa kirchnerista podía justificarse en razones humanitarias; el problema radicaba en que la Presidente argentina dirigía su reclamo, no a quienes retenían a Betancourt en la selva, totalmente incomunicada de su familia y de todo el mundo exterior desde hacía ya 5 años, sino a Uribe.
En aquel diciembre de 2007, el presidente colombiano era huésped de la Argentina. Había venido para asistir a la asunción de Cristina Kirchner.
Diciembre de 2007. El entonces presidente colombiano Álvaro Uribe asiste a la asunción de Cristina Kirchner. Ella lo recibió con reclamos
Diciembre de 2007. El entonces presidente colombiano Álvaro Uribe asiste a la asunción de Cristina Kirchner. Ella lo recibió con reclamos
Ella incluyó en su discurso inaugural en el Congreso el caso Betancourt y le pidió públicamente a Uribe que pusiera “todo el esfuerzo para no llegar demasiado tarde”. “Quiero (…) solicitar a Dios ilumine al señor Presidente de la hermana y querida República de Colombia para poder alumbrar una solución que exige el derecho humanitario internacional,sin que esto signifique inmiscuirnos de ningún modo en cuestiones internas de otro país”, dijo Cristina, negando estar haciendo lo que estaba haciendo, es decir inmiscuirse en los asuntos internos de Colombia, además de formular un reclamo a alguien que no le podía replicar en ese momento. Ni una palabra de condena a las FARC y su metodología violenta.
Poco antes, la presión de otros bolivarianos para que Uribe negociara con una guerrilla que no sólo no ofrecía deponer las armas, sino que seguía secuestrando -incluso a civiles, como lo era Betancourt-, había llevado a Uribe a aceptar que su par venezolano Hugo Chávez actuase como mediador. Como resultado de ello, el presidente venezolano anunció que las FARC habían prometido liberar para fin de año a tres rehenes: la secretaria de Betancourt, Clara Rojas, el hijo que ésta había tenido en la selva, y otra política secuestrada, Consuelo González de Perduomo.
Chávez invitó a su amigo Néstor Kirchner a integrar junto a él la comisión de garantes que supervisaría la llamada “Operación Emanuel” -por el nombre del hijo de Rojas- y a viajar a Colombia para la entrega de los rehenes. Los Kirchner aceptaron inmediatamente: parecía una excelente misión para el presidente saliente.
Néstor Kirchner en viaje hacia la fallida Operación Emanuel. A la izquierda, su embajador en Colombia, Martín Balza (Wikiwand)
Néstor Kirchner en viaje hacia la fallida Operación Emanuel. A la izquierda, su embajador en Colombia, Martín Balza (Wikiwand)
Pese al trato que había recibido en Buenos Aires, Uribe tuvo la deferencia de llamar a su par argentina para sugerirle que no enviara a su esposo a la selva colombiana porque la entrega de rehenes no iba a tener lugar. Cristina Kirchner, quizás creyendo conocer mejor que él la situación colombiana, le contestó. “Sería un escándalo internacional si (las FARC) no cumplieran. No pueden hacer eso”.
En vuelo: Hugo Chávez, Néstor Kirchner y Jorge Taiana. (Wikiwand)
En vuelo: Hugo Chávez, Néstor Kirchner y Jorge Taiana. (Wikiwand)
Néstor Kirchner viajó por lo tanto el 27 de diciembre a Venezuela para encontrarse con Hugo Chávez y marchar juntos hacia la frontera con Colombia. Iba acompañado por el ex canciller Jorge Taiana y por Rafael Follonier, otro ex funcionario, al que la prensa calificaba como “perito en guerrillas”. Vestidos de fajina y provistos de mapas y otros equipos, los comisionados hicieron los últimos preparativos de la Operación Emanuel, antes de partir hacia Villavicenciodonde las FARC los iban a dejar plantados.
Tras un par de días de espera infructuosa, el 31 de diciembre llegó Uribe al rescate de los garantes y, generoso, les facilitó una salida para la embarazosa situación en la que se encontraban.
Hugo Chávez, Jorge Taiana y Néstor Kirchner en la frontera entre Venezuela y Colombia. Últimos preparativos para la Operación Emanuel (Wikiwand)
Hugo Chávez, Jorge Taiana y Néstor Kirchner en la frontera entre Venezuela y Colombia. Últimos preparativos para la Operación Emanuel (Wikiwand)
Para colmo, en medio de la fallida operación, Uribe se dio el gusto de anunciar que el hijo de Clara Rojas ya estaba en poder de las autoridades colombianas, demostrando que tenía un claro control de la situación, en contraste con la improvisación de los “comisionados”, con Chávez a la cabeza. El presidente venezolano vio además revocados sus poderes de mediador: las rehenes fueron entregadas más tarde, a las autoridades colombianas.
Esta humillación explica en buena medida la virulencia con la cual algunos de estos actores retomaron sus críticas contra Uribe a la primera ocasión. Y la oportunidad no se hizo esperar: fue el 1º de marzo del año siguiente, 2008, cuando las fuerzas armadas colombianas lanzaron un operativo contra el campamento de las FARC en el que cayó muerto Raúl Reyes, número 2 del grupo guerrillero. El detalle era que el campamento de las FARC se encontraba en territorio ecuatoriano, a unos 1800 kilómetros de la frontera. Rafael Correa puso el grito en el cielo. Exigió la inmediata convocatoria del Grupo de Río. La cumbre, que tuvo lugar en Santo Domingo, el 6 de marzo de 2008, fue precedida por un crescendo de declaraciones durísimas contra Bogotá por parte de los presidentes de Ecuador y Venezuela que llegaron hasta a anunciar la ruptura de relaciones diplomáticas con Colombia. En ese mismo tono, en la reunión en República Dominicana, los mandatarios rivalizaron en diatribas contra el intervencionismo colombiano y su “ultraje” a Ecuador. Sin dejar de reivindicar su actuación contra las FARC, Uribe admitió no haber avisado a Correa del operativo.
Luego de un largo debate, el presidente colombiano pareció sentir que ya no quedaba mucho por decir: se levantó y avanzó con los brazos abiertos hacia su par ecuatoriano invitándolo a darse un abrazo. Así venció la resistencia de Correa y luego del abrazo con éste hizo lo mismo con Chávez.
Rafael Correa y Álvaro Uribe: cruces que no pasaron a mayores
Rafael Correa y Álvaro Uribe: cruces que no pasaron a mayores
Eso sí, en todo el debate no hubo la menor recriminación de los presidentes latinoamericanos a Ecuador por permitir a las FARC tener campamentos en su territorio.
“El terrorismo sabe conseguir idiotas útiles”, había dicho alguna vez Álvaro Uribe. Y, aunque pareciera innecesario, en otra oportunidad sintió la necesidad de aclarar: “América Latina tuvo guerrillas contra dictaduras. Acá (en Colombia) hay una guerrilla en desafío contra una democracia”.
La cumbre de Santo Domingo había sido televisada en vivo.El mundo entero asistió al triunfo dialéctico del presidente colombiano, casi solo contra todos. Por eso la siguiente vez que quisieron interpelarlo, lo primero que hicieron sus pares bolivarianos fue prohibir la televisación del encuentro. Fue en agosto del año siguiente (2009), en Bariloche, Argentina, en una cumbre de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur). Allí, países latinoamericanos que no padecen el desafío de grupos armados a la autoridad del Estado y a la integridad territorial de la nación, condenaron el eventual uso de bases colombianas por el ejército estadounidense.
Nuevamente hubo una ronda de discursos encendidos, amenazas de ruptura diplomática y, esta vez, un contra-ataque de Uribe a sus pares por la falta de respaldo en la lucha contra la guerrilla. Hubo un comunicado conjunto proclamando a la región “zona de paz”, pero la cuestión de fondo quedó postergada y el enfrentamiento no pasó a mayores.
Luego, en agosto de 2010, Álvaro Uribe fue sucedido por su ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, quien de inmediato inició las conversaciones con las FARC, en Cuba y con la mediación, entre otros, de Venezuela.
Juan Manuel Santos, Timochenko y Raúl Castro
Juan Manuel Santos, Timochenko y Raúl Castro
Es imposible no ver en el entusiasmo y la ausencia total de reparos con los cuales el grueso de los mandatarios latinoamericanos recibió estos diálogos cierto dejo de revanchismo contra un ex presidente colombiano que había resistido incólume todas sus ofensivas.
Falta sumar en esa cuenta el desenlace del caso Betancourt.La rehén más célebre de las FARC no fue liberada por la influencia o mediación de Hugo Chávez, ni por las exhortaciones de Cristina Kirchner, sino por una brillante operación de infiltración del Ejército colombiano, en julio de 2008, que dejó boquiabierto al mundo.
El ex presidente Uribe, bajo cuya gestión la guerrilla colombiana sufrió los más duros golpes de su historia -pero también fueron desmovilizados los grupos parapoliciales, algo que pocos recuerdan-, fue crítico de las negociaciones con las FARC, auspiciadas por los hermanos Castro, desde un primer momento, esencialmente porque consideró inadmisible otorgarles a los jefes guerrilleros un trato y un estatus que prácticamente los ponía a la par de las autoridades legalmente constituidas de su país.
Hoy, fortalecido por el triunfo de su posición en el plebiscito, Álvaro Uribe ha manifestado su predisposición a trabajar por una paz justa para todos. Sería interesante que, teniendo en cuenta las lecciones de la historia, la dirigencia latinoamericana le otorgase algo de crédito. En especial debería hacerlo el actual gobierno argentino que, inexplicablemente, pese a estar supuestamente en las antípodas del bolivarianismo, actuó con el mismo desconocimiento de la situación colombiana que su antecesor y, por ende, cayó en la misma trampa.
Mauricio Macri viajó a Colombia para la firma de los fallidos acuerdos con las FARC (Presidencia de la Nación)
Mauricio Macri viajó a Colombia para la firma de los fallidos acuerdos con las FARC (Presidencia de la Nación)
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