Friday, October 28, 2016

CONVERSACIONES CON EL TIO GILBERTO XXXII



REFLEXIONES LIBERTARIAS
Ricardo Valenzuela  
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Veía a mi padre en esos momentos transformado de forma tal, que le podía mirar el coraje en los ojos que le brillaban como cuando era aquel hombre de impresionante presencia que tanto le temíamos cuando se enojaba. Tratando de centrarlo en lo que a mí me interesaba en esos momentos le digo: Bueno, pero eso ya me lo habías platicado. Pero ¿Qué fue lo que sucedió luego de que el famoso Plan Hermosillo fuera derrotado por Calles? Me dirige entonces una mirada que nunca le había visto. Una mirada de gran melancolía, de una gran tristeza y casi podría afirmar de mucho dolor.


¿Qué te puedo decir? Me revira con otra pregunta. A Gilberto se le vino el mundo encima y por lo mismo, a mí también. Al fallar el movimiento armado era tal la furia de Calles contra Gilberto que, con saña haciendo uso de toda la maquinaria del estado, se dedicó no solo a perseguirlo sino a tratar de desprestigiarlo utilizando los trucos y las trampas que ya todos le conocemos a los gobiernos mexicanos. Gilberto siendo el hombre honrado y de esa integridad intachable, no tenía dinero pues no se había dedicado al robo como muchos otros revolucionarios, y por ello, se le venían situaciones no solo difíciles, sino dramáticas puesto que tenia una familia numerosa que sostener y además, él era el que también me sostenía a mi en Bruselas.

Yo ya cursaba el tercer año de la carrera de leyes en la Universidad libre de Bruselas cuando recibo una carta de mi hermano explicándome la grave situación en la que se encontraba, por lo que, ya no le seria posible el seguir enviándome dinero. Gilberto se encontraba tratando de ganarse la vida en El Paso, Texas pero, el acoso de Calles continuaba y por ello, decidió el cambiar su residencia a Mesa, Arizona. Gilberto fue un hombre de mucho carácter y nunca hablaba de esa época pero se, que fueron tiempos muy difíciles para el y su familia. Pero Sofía su esposa que para mi era una santa, le daba ese soporte tan necesario en esas situaciones y aquel hombre de un intelecto fuera de seria, tuvo inclusive que establecer una pequeña neveria para sobrevivir.

Pero mi hermano no sufría por esas privaciones materiales, tenia demasiado carácter para que algo así lo doblara. Sufría al ver la forma en que Calles seguía tejiendo su madeja y manejando el país a su antojo a través de las marionetas que seleccionaba para ocupar la presidencia. La vida a veces le sirve al hombre situaciones que inclusive al abandonar este mundo, aun no se han llegado a entender ni asimilar y, algo así le sucedía a Gilberto. A fínales de ese año de 1929, explota lo que se llegaría a conocer como la gran recesión mundial y cimbrara al mundo entero. Pero la consecuencia mas grave de ese evento, es que fuera el pretexto a nivel mundial para expandir los tentáculos de los gobiernos, y en ese sentido, a Calles le facilitaba el consolidar su nuevo estado controlador y opresivo.

Me sorprendía la claridad de las narraciones de mi padre puesto que, desde la muerte de mi madre dos años antes, como que se desconectaba del mundo en algo que sus hijos pensábamos era solamente un cerebro que con tantos años, simplemente poco a poco se apagaba. Continúa mi padre: Esos años de tantas privaciones para mi hermano y en especial para mi, serían para Gilberto de gran desarrollo intelectual puesto que, siendo un hombre de grandes inquietudes sociales y políticas, a pesar de no tener los recursos para hacerlo su principal actividad, con esa gran dedicación,  profundidad de pensamiento y análisis que él tenía, se dedicó a estudiar todos los acontecimientos que provocaran la gran recesión y sobre todo, a criticar de forma agresiva la tenaza que Calles aplicaba a Mexico.

Mi situación en Europa cada dia se hacia mas critica puesto que, ya no contaba con la ayuda de mi hermano. Yo era un chamaco de solo 19 años en un país extraño sin más medios a mi alcance. Mi mundo se había transformado de forma radical de ser el hermano de uno de los politicos mas prestigiados de Mexico y, con grandes posibilidades de llegar a ser presidente por lo cual, sin lugar a dudas el futuro me sonreía. A ser el hermano de un hombre perseguido por el gobierno de mi país, sin el dinero para poder continuar mis estudios e inclusive, llegaba el momento que no podía satisfacer mis necesidades esenciales. Fue entonces que empecé a caer en una grave depresión y, cuando Gilberto se enterara, me arropaba con sus cartas que eran en esos momentos mi salvavidas.

Las cartas de Gilberto, eran una combinación de humanismo, amor fraternal del hermano mayor, de sabios consejos ante la adversidad, y sobre todo, eran los mas profundos análisis de los acontecimientos económicos, politicos, sociales no solo de Mexico, por supuesto de los EU, en donde en esos momentos vivía, pero del mundo entero. En esos momentos llegaba el recuerdo a mi mente de mis excursiones siendo niño que tanto molestaban a mi madre, cuando me dedicaba a esculcar todo lo que había a mi alcance en todos los rincones de la casa. Recuerdo entonces la vieja maleta de piel color marrón guardado en un closet y que me encantaba revisar, porque la encontraba fascinante llena de tantos viejos papeles y documentos, e inclusive, cartas de novias de mi padre de esa época. Especialmente me venía a la memoria las de su novia hija del embajador cubano en Bélgica.

Y en esos momentos, recuerdo también el contenido en la maleta de la infinidad de cartas del tío Gilberto dirigidas a mi padre, y me pregunto ¿Dónde quedarían? Siendo yo un niño de tal vez 8 a 10 años cuando mis excursiones, era natural que me interesaran más las cartas de amor de la cubana que los tratados de politica del tío Gilberto. Mi padre había regresado de Europa en 1934 y ahí estaba la clave, eran cinco años de la vida de este hombre ejemplar que, quedaban plasmados en esas cartas que yo tenía la seguridad no se habían destruido.

Le sirvo a mi padre otra aromeante taza de café y le doy tiempo para que sorba el primer trago. ¡Que buen café afirma de nuevo! Aprovecho y lo cuestiono: Oye papá ¿en donde quedaron esas cartas de mi tío Gilberto? Me quedo esperando la respuesta del no se, cuando luego de su segundo sorbo me dice; creo que están en una caja en el almacén de allá al fondo de la casa. Se me ilumina el rostro ante la posibilidad y le digo al Alejandro—el muchacho encargado de cuidarlo de noche—Te lo encargo, pues me voy a buscar esa caja, cuando casi salgo corriendo hacia el pequeño almacén.

Minutos después y luego de batallar para dar con la llave del almacén en aquel gran mazo, finalmente abro la puerta para encontrarme lo que podría describir como un museo. Muebles viejos, fotos de no se que época, maletas deshaciéndose y si, cantidad de cajas conteniendo toneladas de papeles. Luego de dar un largo respiro, inicio la búsqueda en medio de lo que ya me provocaba un ataque de asma en el empolvado recinto. Luego de revisar varias de las cajas, abro una que me recibe con un viejo pasaporte de mi padre y voalá; las cartas del tío Gilberto empiezan a emerger. No se cuantas serían, pero iniciaban a mediados de 1929 y la ultima se remontaba al año de graduación de mi padre, dándole instrucciones para su regreso.

Tenia ante mi la narración de una de las mentes liberales mas brillantes que Mexico hubiera producido, de la forma en que la revolución mexicana de sufragio efectivo no reelección, tierra y libertad, se había manipulado en algo que relegara al país a simplemente otro estado feudal. Pero el iniciar el rescate de los documentos, descubro algo que me deja paralizado: todas las cartas que mi padre le respondía a su hermano, y me pregunto ¿Cómo es que terminaran aquí?
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