Friday, September 23, 2016

Los cómplices del endeudamiento mexicano

Leo Zuckermann
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Leo Zuckermann es analista político y académico mexicano. Posee una licenciatura en administración pública en El Colegio de México y una maestría en políticas públicas en la Universidad de Oxford (Inglaterra). Asimismo, cuenta con dos maestrías de la Universidad de Columbia, Nueva York, donde es candidato a doctor en ciencia política. Trabajó para la presidencia de la República en México y en la empresa consultora McKinsey and Company. Fue secretario general del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), donde actualmente es profesor afiliado de la División de Estudios Políticos. Su columna, Juegos de Poder, se publica de lunes a viernes en Excélsior, así como en distintos periódicos de varios estados de México. En radio, es conductor del programa Imagen Electoral que se trasmite en Grupo Imagen. En 2003, recibió el Premio Nacional de Periodismo.
En este espacio, desde hace muchos años, he criticado a los presidentes Calderón y Peña por el creciente endeudamiento del país. Pero el Congreso también ha sido cómplice en esta lamentable historia. Los legisladores se dejaron seducir por el dinero fácil. Podríamos decir que los compraron. No es que les hayan dado dinero en efectivo a cambio de sus votos, lo cual sería ilegal, sino que los “compraron” haciéndolos partícipes de la fiesta presupuestal: les subieron sus sueldos, bonos, prestaciones, coches, choferes, viajes y un largo etcétera.



Es una pésima noticia para el país: no funcionó el contrapeso institucional del Legislativo para detener el apetito por la deuda del Ejecutivo. Ningún partido defendió la responsabilidad fiscal ni aunque estuviera en la oposición. No lo hizo el PRI cuando gobernaba el PAN. No lo ha hecho el PAN ahora que gobierna el PRI. De la izquierda no se podía esperar nada ya que a ellos les encanta un Estado grandote y gastalón. Fueron poquísimas las voces (se cuentan con una mano) las que criticaron el crecimiento de la deuda desde el Congreso. Por el contrario, nuestros legisladores se acomodaron muy rápido a la francachela de gasto corriente financiado con deuda.
El Congreso no sirvió de contrapeso para evitar el endeudamiento del país. Al revés: se convirtieron en cómplices dándole un cheque en blanco al Ejecutivo para salir a los mercados de deuda nacionales e internacionales.
Más aún, muchos diputados y senadores les debían su puesto a los gobernadores de sus estados quienes los enviaban a la Ciudad de México con la misión de conseguir más dinero para los gobiernos estatales y municipales. Les cumplieron. El Ejecutivo federal, urgido de votos para pasar el Presupuesto de Egresos, transfirió miles de millones de pesos a las entidades federativas, dinero que se gastó sin controles. El resultado está a la vista de todos: escasa inversión, mucho gasto corriente y frecuentes casos de dispendio, abusos y corrupción.
Cuando el país se endrogó exorbitantemente con Echeverría y López Portillo, en México había un régimen político donde el Presidente no tenía contrapesos: hacía y deshacía a su gusto. El Legislativo, dominado por el PRI, le aprobaba todo. Esto se supone que cambiaría con la llegada de la democracia al país donde el Ejecutivo propondría y el Legislativo dispondría. Ahora sí tendríamos un Congreso de verdad. Un Congreso con el poder del bolso, el poder del dinero, el poder de establecer impuestos, aprobar la deuda a contratar y decidir el gasto.
Pero el Congreso, al igual que la Secretaría de Hacienda, se fue por la fácil. Querían gastar más y más sin incrementar los impuestos. Siempre, en el corto plazo, resulta más sencillo endeudarse: ya lo pagarán los que vengan después. En pocos años, siete para ser exactos, el Ejecutivo y Legislativo dilapidaron varios años de responsabilidad fiscal de gobiernos que se atuvieron a la regla de déficit cero en las finanzas públicas.
Hoy escucho voces en el Congreso que se quejan del Paquete Económico 2017 que envió el Presidente. No les gusta la idea de un ajuste. Acusan al Ejecutivo de haber llevado al país a un nuevo endeudamiento y critican los recortes propuestos. ¿Y dónde estuvieron los diputados y senadores que pudieron votar en contra de los incrementos de la deuda? Pues aprobándolo para llevar más dinero a las cámaras de los créditos contratados. ¿Qué hizo el PRI? Defender los sueños keynesianos de Peña y Videgaray. ¿Qué hizo el PAN? Aprobar el aumento de los débitos para llevarle más dinero a sus gobernadores, legisladores y, desde luego, al partido por la vía del financiamiento público. ¿El PRD? Feliz por entrarle también al cuerno. ¿Y los partidos chicos? Ni se diga.
El Congreso no sirvió de contrapeso para evitar el endeudamiento del país. Al revés: se convirtieron en cómplices dándole un cheque en blanco al Ejecutivo para salir a los mercados de deuda nacionales e internacionales. Ahora que no se quejen. Ahora que se comporten de manera responsable y, por el bien del país, corrijan el déficit público y aprueben un ajuste mayor en el Presupuesto. Me temo que no lo van a hacer. Por el contrario, ahora sí van a tratar de ser contrapeso de un Ejecutivo que está proponiendo un ajuste tímido. Ya los estoy viendo rechazando los recortes, sobre todo, los que pueda afectarlos. No importa que el país luego pague las consecuencias con una crisis financiera futura. Total, si la economía explota, el presidente Peña pagará los platos rotos como si ellos no hubieran sido sus cómplices
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