Tuesday, September 20, 2016

El discurso imposible del Partido Republicano

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Escribí esto en 2015, antes de la ascensión de Trump, describiendo el fracaso absoluto del Partido Republicano a la hora de desarrollar un discurso coherente que pudiera atraer realmente a votantes (con Trump, el Partido Republicano se la está jugando: el candidato se convierte en el mensaje completo). Pero todavía es aplicable hoy, porque los republicanos siguen sin poder responder a las preguntas básicas: ¿quiénes sois y qué defendéis?
Dicho suavemente, no puedo ser considerado un republicano. Pero es imposible no advertir la incapacidad absolutamente asombrosa del Partido Republicano para dar forma siquiera a un mensaje básico. Desde la perspectiva puramente cínica de un partido que no busca nada más que el éxito electoral y el poder, los republicanos parecen completamente paralizados e incapaces siquiera de mentir eficazmente. Están atrapados en arenas movedizas y están perdiendo.


Todo lo que los republicanos tienen que decir, una y otra vez, es algo como esto: Estamos a favor de una sociedad de oportunidades, no de una sociedad dependiente. El gobierno no puede hacer nada bueno. Rebajaremos impuestos y reduciremos regulaciones. Queremos que más personas posean propiedades, negocios e inversiones. Somos el partido de los mercados y el capitalismo, no del estado del bienestar y el socialismo. Los demócratas quieren que el gobierno esté en el centro de la sociedad, nosotros queremos que la familia esté en el centro de la sociedad. No corresponde al gobierno decidir sobre asuntos sociales. Los demócratas odian los valores estadounidenses tradicionales. Los demócratas odian la religión. La inmigración ilegal masiva del Tercer Mundo es solo una cínica estrategia demócrata para rehacer Estados Unidos para peor. Los demócratas son el partido de Hollywood. Etc., etc.
No hace falta que ninguna palabra sea verdad o siquiera que se crea. Solo hace falta que el mensaje se divulgue coherente, repetida, hábil y eficazmente. Y, por supuesto, el Partido Republicano (como los demócratas) no puede en realidad decir nada sobre Wall Street, Fed, política exterior, contratistas de defensa o capitalismo de compinches, no sea que los donantes se alarmen.
La belleza y la maldición de la política es que no hay verdad, sólo percepciones. ¿Ha habido alguna vez un grupo moderno de políticos peor a la hora de crear percepciones positivas que el Partido Republicano actual? ¡Hillary Clinton, una estafadora amoral y sin humor, con el alma de una hiena, es más popular que cualquiera de sus posibles candidatos!
Es difícil para los libertarios imaginar al partido republicano como el partido del gobierno limitado, el originalismo constitucional, el capitalismo o cualquier cosa que se parezca mucho a la libertad. Pero la política trata de tribalismo y percepciones, no de verdad o “políticas” o ideología. Por eso es tan notable el fracaso de los republicanos: incluso ante un siglo de horrores colectivistas, siguen sin poder ganar el juego esencial de “nosotros contra ellos”. Siguen sin poder crear siquiera la percepción de que representan la libertad, la responsabilidad personal, la propiedad o la meritocracia. Por el contrario, son retratados una y otra vez como un partido viejo de blancos antipáticos y racistas, que se resisten al cambio y defienden el estatus quo, cuando el dinamismo real proviene de los mercados, no del gobierno.
Por el contrario, todo lo que tienen que hacer los demócratas en repetir incansablemente sus casinos lemas sobre igualdad, racismo, feminismo, homofobia y “los ricos”. Una y otra vez y otra.
La tribu republicana, a efectos de los mensajes, no tiene que ser hombres blancos, trabajadores manuales, sureños, cristianos o alguna estructura mítica de poder WASP que no ha existido durante décadas. Por el contrario, esas viejas señales de identidad podrían reemplazarse sutil pero claramente por temas estadounidenses: el partido del gobierno frente al partido las personas, luchadores contra indolentes, individuos fuertes frente a quejicas guerreros de la justicia social, optimistas curtidos con aspiraciones contra fatalistas, élites costeras libertinas contra estadounidenses medios en pie. Tradición, religión y moralidad importan. La calidad e intenciones de los inmigrantes importan. Estados Unidos es un gran lugar, aunque no siempre sea bueno: no lo echemos a perder. Es una historia que se escribe por sí misma, especialmente en una época de incomodidad general con respecto a la dirección del país.
Es notable, dado todo el dinero y energía humana que se gastan en política, que los mensajes sencillos y los candidatos disciplinados sean tan poco comunes entre los conservadores. Pero esta observación no nos lleva a la tristeza. Indudablemente, es sano que los estadounidenses se den cuenta pronto de que solo existe un partido: los demócratas neoconservadores y corporativistas.
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