Friday, July 15, 2016

Hackeando la ley y la gobernanza con ciudades startup

Hackeando la ley y la gobernanza con ciudades startup

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Cómo la innovación puede solucionar nuestro árbol de tecnología social. Escrito por Zachary Caceres,
En las afueras de Estocolmo, son los vándalos y las enredaderas los que reinan sobre las grandes factorías ya marchitas de la Eastman Kodak. Se trata de edificios fríos asentados en cáscaras de hierro y vencidos por la naturaleza y el paso inexorable del tiempo. Los muros se encuentran recubiertos de coloridas pinturas (que en ocasiones rozan la vulgaridad) hechas con espray. En palabras de un artista de grafiti: se trata de un “momento Kodak.”
Tras su fundación en 1888, la Eastman Kodak se convirtió en la incontestable ganadora frente a sus competidores en el ámbito de la fotografía durante casi más de 100 años. Pero a principios del 2012, la misma compañía que una vez tuvo un valor capital de treinta mil millones de dólares y que daba trabajo a unos ciento cuarenta mil empleados, presentó la bancarrota.



Kodak fue víctima de la innovación-un proceso que el economista Joseph Schumpeter ya caracterizaba como “esos vendavales de destrucción creativa.” Kodak sólo podía dominar el mercado en la medida en que no existiera una alternativa mejor y más estable en el mercado. Una vez esa alternativa fue creada (la fotografía digital), ello trajo consigo la firma de muerte para la empresa. El gigante de las cámaras de fotos comenzó a perder cuotas de mercado frente a empresas como Sony o Nikon hasta llegar a una situación donde, de pronto, “todo el mundo” necesitaba una cámara digital y Kodak sólo se veía en shows de antiguallas.
¿Cómo pasó esto? Christian Sandstrom, un tecnólogo del Instituto Ratio de Suecia, mantiene que las mejores innovaciones siguen un patrón común.
De mercados marginales a principales
Las tecnologías disruptivas siempre surgen en “mercados alternativos,” y normalmente se presentan como de menor calidad en prácticamente todos los sentidos. Las primeras cámaras digitales eras aparatosas, caras, pesadas y sólo conseguían hacer fotos de baja calidad. Sin embargo, toda innovación posee una ventaja frente a la tecnología dominante: en el caso de la cámara digital se trata del hecho de no necesitar film. Esta ventaja permite que la innovación satisfaga la demanda en determinados nichos del mercado. Lo normal es que una empresa dominante como Kodak obvie los pequeños nichos de demanda que se crean entre los primeros usuarios que comienzan a usar esa tecnología, y ello, por su posición dominante en el mercado.
Y, sin embargo, la nueva tecnología rara vez se queda aislada en los confines de los mercados alternativos. Al final, el funcionamiento de la misma empieza a mejorar y, de repente, comienza a rivalizar frente a la tecnología dominante. Las cámaras digitales, que permitían olvidarse del fastidio de tener que contar con film, con el tiempo, lograron resoluciones de pantalla incluso mejores que la cámara tradicional, simplificar su uso y reducir el precio. Kodak tanteo y trató de entrar en el mercado de la fotografía digital, pero ya fue demasiado tarde. La innovación barre todos los mercados y la firma dominante se hunde bajo las olas del cambio tecnológico.
Las innovaciones de tipo disruptivo hacen del mundo un lugar mejor desafiando monopolios como el de Kodak. Ésta sacude casi todos los mercados con excepción de uno: la ley y la gobernanza.
Tecnología social
El derecho británico de tradición oral, la democracia parlamentaria, el patrón oro: se nos haría extraño llamar a estas cosas “tecnologías.” Pero W. Brian Arthur, un economista del Instituto de Santa Fe y autor de The Nature of Technology, sugiere que lo son. “Las organizaciones empresariales, los sistemas legales, los sistemas monetarios y los contratros…,” escribe, “…poseen las mismas características que la tecnología,”
La tecnología hace uso de determinados fenómenos con un fin. Aunque pudiera pensarse que la tecnología debería dedicarse sólo a lo físico, como los electrones y las ondas de radio, la ley y el gobierno hacen uso de fenómenos sociales en su lugar. Es así que no sería descabellado decir que la tradición oral del derecho británico, o sus instituciones parlamentarias, constituyen “tecnologías sociales.”
Hablar de innovación en “tecnología social” podría parecer algo inverosímil. Pero la gente también consideraba un día que el control que Kodak ejercía sobre el mercado de la fotografía era un dado (en algunos países “cámara de fotos” se dice “Kodak”). Sin embargo, tras el surgimiento de esta disrupción innovadora, ya nos parece que Kodak queda como algo obsoleto y que el cambio fue para mejor. Nuestros sistemas legales y políticos, entendidos como tecnologías, están tan abiertos a cambios de tipo disruptivo como cualquier otra. Como el ritmo de innovación en lo tocante a la ley y el gobierno es tan lento, lo normal es que tomemos nuestros aparatos tecnológicos sociales como algo que ya nos es dado y no resulta tan fácil de socavar a través de este tipo de disrupciones innovadoras.
Para poder entender la forma en que uno podría crear innovaciones disruptivas en el ámbito de la ley y el gobierno, primero necesitamos encontrar, tal y como Nikon hizo con Kodak, un área donde las tecnologías dominantes pudieran ser mejoradas.
Donde los mercados sociales de hoy fallan
Existe una cantidad incontable de servicios que los actuales sistemas de ley y gobierno no son capaces de proveer en el mercado por todo el mundo. En muchos países en vías de desarrollo, la mayoría de la población habita en los márgenes de la ley.
Existe la dificultad de registrar determinados negocios. Lo normal es que los tribunales no reconozcan tales contratos. Muchos no pueden obtener permisos para construir una casa. Otros viven en el peligro y miedo constante debido a la imposibilidad de que tales sistemas de gobiernos fallen a la hora de otorgar los servicios de seguridad y orden público más básicos. La habilidad de empezar un negocio, construir una casa, ir al colegio, vivir en una comunidad libre de peligros -todas estas “funciones” de la tecnología social simplemente no están disponibles mara millones de personas.
Estos fallos de la tecnología social crean bastante pobreza y violencia. Los negocios que tienen éxito lo logran sirviendo a los intereses del poderoso, encontrándose así protegidos frente a la competición por decreto. Las redes de cooperación necesarias para el crecimiento económico no pueden formarse en entornos tan restrictivos. La falta de herramientas legales que lo permitan hace que los pobres carezcan de la capacidad para volverse emprendedores. Esto hace que los mayores inútiles puedan reinar sin rival en estos ámbitos.
Este es nuestro mercado paralelo.
Si pudiéramos encontrar una manera mejor de proveer alguno de estos servicios (incluso si no fuéramos capaces de realizar todas las funciones mejor que nuestro actual sistema político), podríamos encontrarnos en una posición similar a la de Nikon antes del colapso de Kodak. Desde esta posición, podríamos expandirnos y crecer hacia algo mucho más grande.
Hackeando la ley y la gobernanza con ciudades startup
Un movimiento creciente que se está dando por todo el mundo para construir comunidades nuevas nos ofrece una manera de piratear nuestra tecnología social actual. La nación anfitriona crea multitud de pequeñas jurisdicciones con gobiernos y sistemas legales independientes. Los ciudadanos son libres de ir de un lugar para otro y vivir en el ámbito jurisdiccional de su elección. Como cualquier tecnología nueva, estas ciudades tipo startup compiten entre sí para proporcionar funciones nuevas y mejores -en este caso, proveer a los ciudadanos con los servicios y bienes que estos desean.
Una de estas zonas podría albergar a una de estas nuevas ciudades que sea pionera en algún tipo de ley sobre el medioambiente, ley o política que difiera con el resto. Otras, sin embargo, podrían ofrecer normativas medioambientales al gusto del consumidor financiero o universitario. Y otras también podrían tratar de introducir nuevos modelos de financiación de los servicios sociales.
Este tipo de ciudades constituyen poderosas alternativas frente a las arriesgadas e improbables políticas de cambio o reforma social. Las ciudades startup representan prototipos tecnológicos sociales nuevos. Y esos sistemas que cumplan las expectativas y sean provechosos podrán ser integrados en los sistemas nacionales.
Pero si las nuevas tecnologías sociales llevan una zona al fracaso, tales modelos no se implementarían en toda la nación poniendo así en riesgo a la forma de vida de la comunidad en su conjunto. La gente puede abandonar estas ciudades startup en cualquier momento -poniendo así a todo el proyecto, de forma efectiva, “en bancarrota.” Si una nación escoge el uso de capital privado para crear una nueva infraestructura o servicio, se protege a los contribuyentes ante el atascamiento implícito por tener que pagar por el costo motivado derivado de las malas decisiones de otra persona. Las ciudades de tipo startup también mejoran la voz democrática de sus ciudadanos al darles la oportunidad de abandonarlas en cualquier momento.
Mirando nuestro mercado paralelo, una ciudad startup que se encuentre en una nación en vías de desarrollo podrían ofrecer la incorporación de leyes simplificadas y juzgados creíbles a los ciudadanos más pobres que quieran emprender alguna empresa. Otros proyectos podrían dedicarse a construir lugares seguros para vivir y el comercio a través de un sistema de seguridad y reforma policial. En realidad, muchas de estas funciones podrían (y deberían) combinarse de forma singular en un sólo proyecto en cada una de estas ciudades startup.
De la misma forma en que las tecnologías buenas de tipo incipiente, este tipo de ciudades serían pequeñas y ágiles al principio. Pero en la medida en que la gente tenga libertad para entrar y salir, las ciudades startup crecerán y mejorarán con el tiempo. Lo que empieza como algo pequeño y sin mayores glorias en uno de estos mercados aislados, puede convertirse en una idea que podría florecer como paradigma del cambio social.
Varios países ya se encuentran desarrollando este tipo de ciudades startup, y muchos otros se encuentran considerando su posibilidad. Los primeros estadios de este movimiento serán con toda seguridad tan poco susceptibles de impresionar a nadie como la aparatosidad y aspecto ridículo de las primeras cámaras digitales. Las ciudades preocupadas por el largo plazo invertirán de forma sabía al objeto de desarrollar sus propias tecnologías sociales disruptivas a través de distintos proyectos pioneros. Lo más probable es que otras naciones -las más ricas y establecidas- ignoren estas reformas que toman lugar en estos “mercados aislados” por todo el mundo. Y ello podría hacer que éstas acaben como Kodak -vencidas por mejores competidores en posesión de mejores tecnologías sociales desarrolladas en países pobres y desesperados.
El pirata tecnológico social explora las limitaciones de los sistemas sociales al uso para crear algo nuevo. En un sentido, toda innovación disruptiva es pirata por naturaleza al habitar ésta en mercados aislados y paralelos -o en los entresijos del sistema imperante. Su futuro no está haciendo más que empezar, pero aquí sólo hace falta recordar la suerte de Kodak -el monopolio monolítico e imparable- para descubrir un mundo de posibilidades.
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